REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

El Miedo nos ayuda a protegernos de las amenazas…

Ilustración de Basquiat para el libro “Life doesn’t frighten me” (La vida no me asusta), de Maya Angelou.

De nuevo tratamos las emociones universales que hemos heredado para poder mantenernos vivos y funcionando en sociedad. De todas ellas, el Miedo destaca porque aparece cada vez que sentimos que nuestra seguridad está en juego.  Si observamos esta emoción con perspectiva, nos damos cuenta de que siempre aparece bajo una amenaza que atenta contra lo que consideramos –subjetivamente- que amenaza nuestra existencia.

Cada uno tiene sus miedos y se expresan en el cuerpo de la misma manera. Sean o no lógicos, siempre depende de cada uno individualmente, pues lo que le da miedo a algunos, no le da miedo a otros. Para algunos puede ser miedo a subir a un avión, porque en él, no tenemos el control y se puede caer; para otros, puede ser hablar en público, porque si nos equivocamos “todo el mundo” lo verá y la imagen que tienen de nosotros caerá en picado; para otros una simple cucaracha (yo misma) puede desatar un pánico desenfrenado como si hubiera aparecido un león en frente de nuestras narices. 

La cuestión es que si te entra miedo, el subidón energético que aparece no se puede evitar. En el momento que divisamos el peligro el cerebro ordena la distribución de una cascada hormonal que proporciona la fuerza necesaria para salir corriendo (huir), defenderte del peligro (luchar), o quedarte clavado en el sitio (paralizarte) para afrontar esa supuesta amenaza. Los síntomas son conocidos: palpitaciones porque el corazón se acelera para llevar la sangre a los músculos por si hay que luchar o salir despavorido; los esfínteres se relajan para liberar peso del organismo para correr más ligero; la digestión se frena en seco porque necesita esa energía para los músculos, además, si te van a comer, para qué tienes que digerir. Pensad que esta reactividad fisiológica viene del cerebro primitivo que, querámoslo o no, está formateado para la supervivencia. 

¿Y qué podemos hacer para minimizar esta reactividad? Y sobre todo, no reaccionar nosotros de manera que nos perjudique, como no ir a visitar a un familiar por miedo a volar; o perder un puesto de trabajo por no poder hablar en público; o no hablar con tus padres si se entrometen demasiado en tu vida porque temes su reacción…

Desde el Mindfulness aprendemos a arraigarnos en nuestro cuerpo y nos dejamos sentir esta reactividad sin reaccionar a ella. Poco a poco nos vamos habituando a acogerla y abrir un espacio desde el que podemos responder de manera más acorde a quiénes somos de acuerdo a nuestros valores. Si el miedo aparece es porque te quiere proteger. Es tu amigo. Háblale con cariño y no será tan insistente…

La práctica meditativa de Mindfulness nos enseña cómo hacerlo.

¿A qué esperas?

El miedo es algo maravilloso, en pequeñas dosis. Te subes en el tren del fantasma hacia la oscuridad, sabiendo que más pronto que tarde se abrirán las puertas y saldrás a la luz del día una vez más. Siempre reconforta saber que todavía estás aquí y a salvo. Es bueno volver a ser niño, por un ratito, y tener miedo, no a los gobiernos, ni a las normas, ni a las infidelidades ni a las guerras, sino a los fantasmas y esas cosas que no existen, y aunque existan, saber que estamos seguros y no nos van a hacer daño”.

Extracto de la reflexión “Ghost in the Machine” (El fantasma dentro de la máquina), de Neil Gaiman.

Ilustración de Basquiat para el libro “Life doesn’t frighten me” (La vida no me asusta), de Maya Angelou.

Meditación recomendada: N. 6 «Nombrar las emociones” y N.25 “Liberar el Miedo Condicionado”

Primero, una Meditación para aprender a nombrar las emociones y permitir que se expresen en nuestro cuerpo. A continuación la Meditación “Liberar el Miedo Condicionado” nos ayuda a familiarizarnos con la emoción del miedo. El miedo condicionado es el que nos impide vivir una vida plena porque está siempre presente aunque no haya miedos reales. Quizás nos protegieron en su día, pero ahora ya no los necesitamos, con lo que hay que dejarlos ir, poco a poco, con amabilidad, práctica y paciencia amorosa. Buena práctica…

, , ,