REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

“Te di la vida entera» – Zoe Valdés

Ser padres es una de las tareas más exigentes, desafiantes y estresantes que existen. Si además nos obsesionamos en su desempeño, podemos causar estragos en el ser que hemos traído al mundo. Está claro que por el mero hecho de ser los progenitores y cuidadores principales de nuestros hijos vamos a generar inevitablemente un vínculo afectivo muy estrecho. Pero hemos de tomar consciencia de no fomentar el mantenimiento de un cordón umbilical tan estrecho que genere una vinculación tan intensa e interdependiente que acabemos por fusionarnos, dando lugar a situaciones patológicas en el desarrollo individual del menor. 

El hijo nace completamente necesitado de amor y cuidados permanentes, pero a medida que va creciendo el papel de los padres obliga a darle el espacio necesario para que vaya adquiriendo su propia autonomía. Esta delgada línea de cesión se ha de calibrar con mucho acierto. Demasiado pronto puede acabar percibiéndose por parte del niño como descuido o negligencia, y demasiado tarde puede generar esa fusión que mina el desarrollo de la confianza e independencia necesarias para que genere su propia personalidad al margen de sus cuidadores. 

El papel de los padres demanda mucha flexibilidad…

Veamos el papel de una madre que levanta al hijo de la cama, le prepara el desayuno, le peina, le prepara la ropa y le lleva al cole cada mañana. Suena bien, ¿no?…excepto si el niño tiene 12 años. Los padres han de tomar consciencia de que su hijo ya no es el “inválido” de dos añitos al que se lo han de hacer todo. Es más, tienen el deber de “no hacer nada por él que no pueda hacer el mismo”. Asi, desde la necesidad, aprenden a elegir su ropa, a peinarse y atarse los cordones de sus zapatos (todo un hallazgo que cuando se descubren capaces, su autoestima se chuta al máximo). Pero la mirada de los padres se suele quedar anclada en su niñez…como si no evolucionara hacia verlos en sus edades reales. 

Esta “ceguera” se puede entender mejor si nos fijamos en lo que nos ocurre cuando nos miramos todos los días en el espejo. Al ser a diario, nos vemos siempre igual, excepto cuando nos encontramos con una amiga que no hemos visto en cierto tiempo y pensamos “qué mayor”. Pues, despierta, ella está pensando lo mismo de ti…

Es muy gustoso dormir con nuestros hijos a edades en las que quizás ya no corresponda (hay toda una teoría sobre el co-lecho que habría que debatir), pero ellos no se van a salir de la cama porque les encanta. Somos nosotros que hemos de renunciar deliberadamente a ese placer de abrazarnos a ellos. Y es que nuestro placer presente puede ser su condena futura. Lo mismo ocurre con los hijos que viven en casa más allá del tiempo en el que deberían ser independientes. A veces las circunstancias obligan a que no puedan irse de casa, con lo que vuelve a ser el papel de los padres el comunicarles que están en una etapa en la que han de colaborar “como si” fueran independientes en un piso de estudiantes en los que han de compartir tareas equitativamente. Arreglar sus cuartos no es suficiente, han de colaborar con las tareas de la casa, sino estamos enseñándoles que “alguien” lo hará siempre por ellos.

Muchos padres deciden “pasar” por no generar conflictos, pero están faltando a su responsabilidad que es socializar al hijo (prepararlo para vivir en sociedad). 

Algunos, aún más enfermizamente, pretenden que sus hijos les mantengan o les devuelvan sus esfuerzos. Craso error. De aquí viene el título de este artículo. Como te di mi vida entera, ahora espero que me devuelvas mis esfuerzos y desvelos. 

El papel de ser padres es transmisivo. Lo que yo te doy, te enseño, te aporto, no es para que me lo devuelvas, es para que hagas lo propio con TUS hijos. Generar la expectativa de una “devolución” es egoísta y culpabilizadora, y todavía más si se ha llegado a transmitir al hijo. 

El amor incondicional hacia nuestros hijos no es sumisión, pero tampoco obligación…es el deseo de estar juntos porque nos apetece comunicar nuestras experiencias y vivencias que nos alegra compartir por el vínculo afectivo que tenemos y la alegría que nos proporciona hacerlo. 

Qué difícil es generar relaciones libres cuando el afecto entra en juego. Lo he dicho muchas veces: deberíamos asistir a clases de “ser padres” antes de tener hijos. Ser padres conscientes es imprescindible para fomentar el desarrollo saludable de nuestros hijos.

El amor es necesario, pero no suficiente… 

“La vida familiar se parece un poco a un “iceberg”.  Solo se percibe una pequeña parte de la totalidad: la parte que todos pueden ver y oír. Muchas personas piensan que esa fracción representa la totalidad. Otras sospechan que puede existir más, pero no saben cómo descubrirla”    

Extracto de “The Satir Model: Family Therapy and Beyond” que recoge el modelo de familia y reflexiones de Virgina Satir. 

Ilustración de “Heather has two mommies” de Lesléa Newman. 

Sugerencia: “Meditación del amor y las relaciones” en www.psyke.es. Esta meditación permite abrir nuestro corazón para ser conscientes del amor que recibimos de las personas que nos rodean y para saber dar ese amor a todas las personas, nos gusten o no, las conozcamos o no. Desde esta perspectiva de Humanidad compartida, cultivamos también el amor hacia nosotros mismos, conscientes de la vulnerabilidad y necesidad de afecto de todos los seres humanos.