El duelo requiere lágrimas. Demasiadas personas pretenden esquivarlas para no rendirse y entregarse al dolor, por miedo a luego no saber salir del agujero. Un duelo precisa de tres “T”: Tears, Time and Talking (lágrimas, tiempo y hablar). Intentar acelerar el proceso o controlar lo que sentimos es claramente contraproducente.
Muchas personas se asombran de sí mismas cuando no son capaces de llorar ante una pérdida. Y es porque el primer estadio por el que se pasa —sobre todo si es algo repentino— es una especie de parálisis de incredulidad que llamamos “shock” o “negación”. Por eso respetar el “tiempo” es crucial para ir adaptándonos y aceptar la realidad de la pérdida. No solo racionalmente, diciendo “sé que ha fallecido” o “sé que me ha dejado”, sino emocional y corporalmente. Hay quien sigue escuchando las llaves en la puerta, prepara dos cafés por las mañanas o mira instintivamente al móvil para ver si ha recibido su WhatsApp. La cabeza ya lo sabe, pero el resto de nuestro ser todavía espera porque la psique necesita tiempo para absorber la realidad.
El duelo es un proceso emocional, cognitivo, físico y espiritual que va dosificando una dolorosa amalgama de tristeza, rabia, culpa, miedo, anhelo y confusión. Emociones entremezcladas entre sí que van abriendo las compuertas a las lágrimas que constatan la asimilación del cataclismo. Las lágrimas alivian el alma, como un aliviadero en una presa. Hay personas que comienzan a llorar meses después de una pérdida que pesa toneladas, en el momento justo en que el cuerpo entiende que ya es suficientemente seguro derrumbarse.
Reaprender a vivir en un mundo que ha cambiado tanto implica descubrir quién eres ahora que esa persona y esa relación ya no están. No solo perdemos a alguien. Perdemos una identidad y un programa de felicidad futura que habíamos imaginado. Y llevar todo ese peso en soledad es demasiado pesado… Para que la vida empiece lentamente a abrirse paso hemos de poder expresarnos con palabras, hablando con alguien capaz de escuchar sin intentar darnos soluciones y mucho menos exigirnos que “pasemos página”. Poco a poco, con mucho cariño y comprensión, acogiendo el desgarro que sentimos, iremos integrando la pérdida sin que esa pérdida se lleve toda nuestra vida por delante.
El duelo consiste en encontrar una manera de recordar a quien ya no está a nuestro lado mientras emprendemos el resto de nuestro viaje por la vida.
Cita de William Worden, de su libro Grief Counseling and Grief Therapy, de 2018.
La meditación Mindfulness aporta herramientas para ayudarnos a transitar procesos de duelo. Si estáis “doliendo”, os animo a inscribiros en el curso de Reducción de Estrés Basado en Mindfulness (MBSR).
Ilustración de Pepita Sandwich para su libro The Art of Crying. The Healing Power of Tears (El arte de llorar. El poder sanador de las lágrimas), de 2024.
Sugerencia: Meditación n.º 12: “Pausa de Compasión”. Nos ayuda a tomar consciencia de nuestro dolor en momentos difíciles. Las lágrimas alivian el proceso y el tiempo nos va adaptando gradualmente a la pérdida. Poder compartir nuestro dolor con palabras nos permite seguir manteniendo vínculos amorosos con nuestro entorno y salir del aislamiento. El vínculo más importante es el que fomentamos con nosotros mismos, ofreciéndonos cariño y consuelo con un gesto físico de afecto. Buena práctica…