THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

Una mente sin cuestionar puede convertirse en un infierno

A veces la mente nos genera unas historias tan inflexibles y trágicas, que nos succiona sin remedio hacia el desespero. Esta espiral puede convertirse en el más puro infierno. Creernos lo que nuestra mente nos cuenta, cuando sabemos que es inevitable la distorsión de la realidad, entorpece nuestras relaciones y nuestra vida y, sobre todo, nos desequilibra y oculta la posibilidad de descubrir lo que verdaderamente está pasando.

¿Qué podemos hacer para no dejarnos arrastrar? En clase lo repito muchas veces: “pillar la chispa antes de que llegue a formarse la llama”. Esto requiere voluntad, entrenamiento y mucha humildad, pues a la mente le encantan las tragedias (por si no lo sabíais ya).

Al trabajar con la consciencia en la práctica meditativa, nos damos cuenta cuándo un pensamiento entra en acción entrando en nuestro “radar” de atención. Si somos capaces de mirarlo -con toda su carga emocional- y mantener cierta distancia, podremos captar sus intenciones de arrastrarnos y decidir deliberadamente no permitirlo: soltándolo, dejándolo ir y así no morder su anzuelo y quedarnos enganchados hasta el fondo del mar. Si este ejercicio lo repetimos una y otra vez, puede que no desparezcan esos pensamientos, pero nuestra relación con ellos cambiará absolutamente.

Un ejemplo de una buena “chispa” que hemos de saber pillar es la omnipresente “queja”, señal inequívoca que puede tornarse en un huracán trágico que nos hunda en la miseria. Por eso, hemos de hacernos conscientes de la voz dentro de nuestra cabeza en el momento preciso en que empieza a quejarse de algo. Ya que toda queja es una interpretación que la mente inventa y que tú te crees por completo. La voz no eres tú. Eres tú el que es consciente de ella. Desde la consciencia te haces consciente de esa voz, y así puedes llegar a adquirir distancia.

El resentimiento es la emoción que acompaña a la queja y que añade aún más energía a la mente para que produzca más pensamientos que validan sentirnos amargados, indignados, agraviados u ofendidos. Cuando un resentimiento dura mucho tiempo se convierte en rencor, que es un escalón superior todavía más negativo, que se mantiene vivo gracias a esos pensamientos compulsivos que se repiten incesantemente en nuestra cabeza sobre “lo que me hicieron, lo que me dijeron…”, justificando así tu postura y -muchas veces- una sensación de separatidad dolorosa (psíquica, e incluso física).

Un rencor puede contaminar muchos aspectos de tu vida, ya que si lo sientes y persiste sin que te hagas consciente de él, su energía emocional negativa puede deformar tu percepción de algo que está ocurriendo en el presente, o influir en tu manera de hablar o comportarte con las personas que te rodean. Un rencor es como una lápida de viejos pensamientos y emociones que te ayudan a protegerte para que no te vuelvan a hacer daño.

¿Pero y si ya no lo necesitas?

Si existe el rencor dentro de ti, no intentes olvidarlo ni ignorarlo, eso aún lo hará más grande. Hazte consciente de él y obsérvalo. Pregúntale ¿de qué me quieres proteger? ¿En qué estás obstaculizando mi relación conmigo mismo y con los demás?

Al permitir que esté dentro de ti, desprenderte del rencor llegará de manera natural, cuando te des cuenta de que ya no tiene sentido mantenerlo.

Cuando estamos en “guerra” con alguien, nuestras percepciones son selectivas y distorsionadas. Solo vemos lo que buscamos ver y acabamos malinterpretándolo todo y acabamos tomando cualquier comentario como algo personal.

Cuando eso ocurre…puede que hayas caído en las garras del victimismo, y eso sí que es el infierno y un aviso importante para abrir tu consciencia…

“Cuando te das cuenta de que todos sufren la misma enfermedad de la mente, algunos con más gravedad que otros, surge la compasión. Ya no alimentas más el drama…”
–Eckhart Tolle

Ilustración de la artista Margaret C. Cook para la obra “Leaves of Grass” de Walt Whitman (edición de 1913).