La obsesión por mantener el tipo, el buen humor y la cabeza alta a pesar de los azotes que nos pega la vida se puede volver en nuestra contra. Las autoafirmaciones auto-motivacionales pueden chutarte de energía en un momento determinado, pero también pueden hundirte por aplicarlas en momentos en los que simplemente no toca.
Yo llamo “psicología positiva baratera” al tipo de autoayuda forzada que pretende proporcionarte energía cuando tienes las baterías completamente descargadas.
Afirmaciones artificiales como: “tú puedes”, “eres el mejor”, “piensa en el éxito y lo lograrás”, se desinflan en cuanto chocan contra el muro de la realidad que siempre se impone.
¿Y después del fiasco qué?
¿cómo somos capaces de levantarnos de la caída con el añadido peso de la vergüenza y la humillación?
Occidente está inmersa en una cultura competitiva, paralizada por el miedo al fracaso. Se compite hasta con la felicidad, mostrando sonrisas estiradas bajo unos ojos inundados por la tristeza. Al menos ahora las mascarillas solo nos dejan ver los ojos, mucho más sinceros y coherentes con el contexto real.
Esta forzada falsedad conlleva un precio demasiado alto: el cuerpo y el alma se resienten…
El culto al optimismo exacerbado obliga a desechar el desánimo y todo lo negativo, como si no existiera. Eso ni es natural ni es real.
¿Quién ha dicho que tenemos que estar motivados para emprender una acción? ¿Es que no podemos desempeñarla aunque sintamos pereza, por ejemplo? De hecho, cuando consigamos hacerla nos podremos felicitar por la proeza de vencer esa pereza inicial, lo que nos traerá todavía mayor satisfacción.
La Terapia de Aceptación (acogemos todas las voces internas en contra de lo que queremos hacer) y Compromiso (andamos con todas ellas, sin rechazarlas ni menospreciarlas, hacia lo que tanto valoramos), va en este sentido.
Se llama “abrazar” con apertura, curiosidad y sin juicio todo lo que aparece dentro de nosotros con compasión. Sin intentar que sea diferente a lo que es…
Gana así la autenticidad externa y la coherencia interna, casi nada…
“La investigación apunta hacia un enfoque alternativo (a la felicidad): ‘un camino negativo’ hacia la felicidad que implica adoptar una postura radicalmente diferente con respecto a aquello que la mayoría de nosotros intenta evitar. Implica aprender a disfrutar de la incertidumbre, aceptar la inseguridad y familiarizarse con el fracaso. Los datos parecen mostrar que para poder ser verdaderamente felices, es posible que debamos estar dispuestos a experimentar más emociones negativas o, como mínimo, no huir tanto de ellas.
Extracto de una entrevista a Oliver Burkeman en “The Guardian”
Imagen de “El antídoto: Felicidad para las personas que no pueden soportar el pensamiento positivo”, de Oliver Burkeman.