THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

A las personas se les conoce en los conflictos. Todos somos ideales en momentos de paz, pero el verdadero SER se muestra en las dificultades

Tremenda situación la que se ha generado y para la que no tenemos referencias. La mente humana las necesita para poder ubicarse en un contexto confuso y así tener sensación de seguridad y control. Cuando el atentado de las torres gemelas, por ejemplo, no teníamos ningún registro mental anterior en el que poder colocar semejante barbaridad. La mente ante el terror se aturde, se enmaraña y acude al sistema primitivo de LUCHA (gritar, recriminar); HUIDA (buscar distracciones para evitar afrontar la situación: alcohol, sobre-trabajo, Netflix…); PARÁLISIS (nos bloqueamos -aturdidos y confusos- y seguimos con nuestra vida haciendo como si no pasara nada, aunque la procesión va por dentro).

En todos los casos, la confusión y la incertidumbre mental hacen estragos. Pues nuestra mente “necesita” entender lo que está pasando para posicionarse. Sin embargo, los “estados de alarma” en España; situación de aislamiento total en Italia; “emergencia nacional” en EEUU, etc.; con cierres y anuncios de racionamientos en esta época es tan inverosímil para nuestro día a día que estamos en una especie de shock mental. La desinformación: bulos, exageraciones, informaciones contrapuestas, directivas incoherentes, han llevado a muchos al pánico (de ahí el vaciado de los supermercados) y a otros al abuso (vacaciones en el mar, caiga quien caiga).

Las situaciones difíciles nos acercan o nos alejan, dependiendo de la perspectiva que adoptemos. ¿Apelamos a valores universales o a nuestro egoísmo particular?
Los seres humanos somos polares y tenemos la capacidad de ser tanto ángeles como demonios, según el contexto que se presente y el afianzamiento en nuestros principios e integridad. Pero una cosa es cumplir la normativa, aunque nos parezca fuera de lugar o tardía (o no la comprendamos), y otra muy distinta “ir más allá” y desde ese cumplir AÑADIR, y sacar lo mejor que tenemos los seres humanos, como humanos que somos: acogiendo el concepto de “humanidad compartida”.

Los que me conocen saben que ante las adversidades, una vez las he encajado (que requiere su tiempo) me pregunto lo único que está en mi mano hacer con lo que ha pasado ¿y qué puedo aprender de esto? En este caso ¿qué podemos aprender de esto? Enumero algunas reflexiones:
1) En un momento en el que la soledad produce más muertes que la “contaminación, la obesidad o el alcoholismo”, según los expertos, el coronavirus nos confina a casa, nos aísla y –peor todavía- nos prohíbe los besos y abrazos. ¿Qué va a ocurrir cuando se levante la veda? No hay nada como que te prohíban algo para que puedas llegar a apreciarlo plenamente…
2) Nos piden que cumplamos órdenes que, aunque nademos en la desinformación, muchos acatamos por civismo. ¿Y el que no las sigue? ¿Desde qué lugar decide esa anarquía? Esa decisión dice mucho de esa persona en cuanto a autoconocimiento (no es juicio, es aprovechar para conocerse uno y, quizás, llegar a cuestionarse, toda una oportunidad…).
3) Nos encontramos “globalmente” todos unidos por una misma causa. Nadie se escapa. Supone una toma de consciencia de la vulnerabilidad del ser humano y lo rápidamente que se puede ir todo esto al traste. En este sentido, Stephen Hawking anunció que nuestra extinción como especie provendría de “un virus y no de una bomba atómica”. Dicho lo cual…

¿Qué nos queda?

Acudir a lo más evolucionado del ser humano: la conexión con el otro, el amor, la ayuda y la entrega: como están demostrando tantas personas –especial mención a los servicios sanitarios en todos los niveles- en este “revolutum” tan devastador social y- nos lo estamos comiendo ya enteramente- económico (tantas vidas afectadas)…

La imagen del balcón que ilustra este artículo muestra cómo podemos virar nuestra mirada y promover el amor desde la desgracia; entendiendo que “no hay flor de loto sin lodo”.

Aprendamos de todo esto para recapacitar, para estar más unidos, para ser más humanos, para saber discernir lo superfluo de lo importante….

Imagen: Una pareja de italianos canta desde su balcón de “confinamiento” para compartir humanidad y alegría en tiempos de soledad y dolor.