THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

Cuidado con abrazar a quien se hace la víctima del desastre que generó

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Hay personas que, en cuanto les señalas el daño que han causado, responden directamente con un drama: se ofenden, se sienten atacadas y te montan un pollo. Y en ese preciso momento aparece la trampa. La conversación deja de ir sobre lo que hicieron y pasa a girar en torno a lo mal que se sienten. En milésimas de segundo, el foco cambia de lugar y acabas consolando a quien te hirió. Eso confunde muchísimo; por eso hay que estar atentos.

Ver a alguien sufrir despierta en muchas personas una compasión casi automática. Pero sentir dolor no puede equivaler a ser ingenua. Hay personas que lo pasan mal, sí, pero sufren sobre todo por tener que verse a sí mismas, por soportar las consecuencias de sus actos, por perder su “buena” imagen. Y, como no toleran esa incomodidad, se colocan en el papel de víctimas para no ocupar el único lugar que de verdad les toca: el de responsabilizarse.

La victimización defensiva es una forma muy eficaz de desviar la atención. Ya no hablamos de cómo te culparon por algo que no hiciste, de la manipulación de los acontecimientos o de la deslealtad. Extrañamente se giran las tornas y acabamos hablando de su infancia difícil, de su fragilidad, incluso de que “deberías comprender” que no era su intención. Por supuesto que la historia personal explica muchas cosas, pero no las justifica y mucho menos las absuelve.

Una persona emocionalmente madura no necesita ponerse de rodillas ni montar un drama. Solo necesita reconocerlo y decir: “te hice daño”, “entiendo lo que te afectó y quiero repararlo”. Sin teatro. Sin invertir los papeles. Porque sentirse mal no repara nada. Lo que repara es la consciencia, la verdad y el acto humilde de hacerse cargo de la situación. Lo demás es humo.

Por eso, a veces, lo más sano no es seguir acogiendo y abrazando, como tantas veces hemos hecho, sino coger distancia y observar con lucidez. Pregúntate: ¿esta persona está reparando o está buscando que yo la rescate de las consecuencias de su conducta? No caigas en ese engaño.

La compasión no está reñida con los límites. De hecho, la autocompasión adulta empieza cuando dejas de traicionarte para aliviar a quien no quiere responsabilizarse de sí mismo. Además de faltarte al respeto, no le estás ayudando, porque acabas dándole la razón e impidiendo que madure. Aunque cueste y te duela, la postura más adulta es mantenerse en pie y no cederle la verdad a quien solo sabe defenderse de ella.

Estas situaciones me han pasado muchas veces a lo largo de mi vida… ¿Y a ti?

Desviar la culpa es solo una manera de expulsar el malestar y evitar asumir la responsabilidad.

Cita de Brené Brown para su libro Daring Greatly, de 2012.

Ilustración de Egon Schiele, 1913.

Sugerencia: Meditación n.º 9: “Meditación: Soltar situaciones difíciles”. Esta meditación sirve para desarrollar la consciencia de nuestros enganches, para aprender a liberarnos de apegos y aversiones que nos llevan a resistirnos a aceptar la realidad tal como es. A aceptar a las personas y sus limitaciones. Al soltar, nos liberamos y viramos nuestro estar en el mundo de manera más saludable y amorosa. Buena práctica…

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