Los hombres han acarreado un papel casi antihumano, escondiendo sus emociones para sostener las inseguridades de la familia. El precio ha sido enorme en las anteriores generaciones. Muchos no saben lo que sienten y mucho menos qué hacer con las explosiones emocionales que a veces brotan incontroladas ante su propia perplejidad.
Durante décadas se confundió su aparente fortaleza con no mostrar sus emociones. A muchos niños se les educó con frases que pretendían hacerlos duros: “los hombres no lloran”, “aguántate”, “no seas débil”. Ahora sabemos, más que nunca, que lo que se reprime no desaparece —se queda dentro, esperando una salida—, que muchas veces llega en forma de frialdad, irritación subyacente o directamente estallido.
Muchos hombres adultos viven desconectados de su propio mundo interior. Nadie les enseñó a nombrar lo que sienten, ni a regularlo, ni a compartirlo sin sentir que estaban perdiendo dignidad o autoridad.
Por eso en este momento el papel del padre es tan delicado y tan crucial de cara a los niños que hoy están creciendo. Recordemos que los niños no aprenden tanto de lo que se les dice como de lo que observan.
Un padre que puede reconocer su cansancio, su tristeza o su preocupación sin esconderlo ni descargarlo sobre los demás está mostrando la realidad de la condición humana. Somos seres dotados de emociones. Y la energía de la emoción que inunda nuestro cuerpo sin pedir permiso ha de ser reconocida, nombrada y regulada, de lo contrario nos secuestrará completamente y, peor aún, dirigirá nuestras vidas.
Cuando un padre muestra abiertamente que es capaz de respirar antes de reaccionar, que puede expresar lo que le ocurre y se mantiene presente incluso cuando algo le duele, está regalando a sus hijos una lección de madurez emocional.
Les está enseñando que la fortaleza de verdad no consiste en hacerse el duro, sino en sostener lo que se siente sin explotar ni avergonzarse.
Visto así, el mayor regalo que un padre puede ofrecer a sus hijos es mostrarles que la vulnerabilidad forma parte de un adulto responsable. Los niños que crecen viendo a un hombre capaz de reconocer sus emociones aprenden algo imprescindible para su propia vida: que sentir no es debilidad, es humanidad.
Y necesitamos, imperiosamente, fomentar la Humanidad todo lo que podamos en este preciso momento de nuestra existencia…
¿Estáis de acuerdo?
Ser adulto significa asumir plena responsabilidad por nuestros sentimientos y necesidades.
Cita de David Richo, de su libro (altamente recomendable) Cómo ser Adulto en las Relaciones, de 2002.
Ilustración de André François, para el libro Little Boy Brown, de Isobel Harris. 2013.
Meditación propuesta: Meditación nº 16 “Meditación RAIN”: Esta meditación es una poderosa herramienta que nos ayuda a desengancharnos de trances emocionales en los que a veces entramos y volver a la atención en el presente. Siguiendo las letras de este acrónimo, aprendemos a dar espacio y acoger nuestras emociones, que aparecerán inevitablemente. Al indagar en nuestro interior, podemos llegar a comprender por qué se han generado y tratarnos con cariño al sentirlas sin identificarnos con ellas. Buena práctica…