Esta frase hoy clama al cielo. Es de Barak Obama de 2014. Ante el día de la Mujer Trabajadora me tengo que pronunciar. Tenga quien tenga razón, en la barbarie de la guerra, la vida es la vida. Y creo firmemente que, como mujeres, proteger la vida es nuestra prioridad. Por el momento, seguimos siendo las que traemos la vida al mundo. Un soldado que muere a causa de una guerra ha sido un bebé el algún momento. Ha sido cuidado, alimentado y acariciado, en el mejor de los casos (aunque, por desgracia, no siempre), y hay que tenerlo presente. No quiero ser generalista: no todas las mujeres son maternales y sensibles, y no todos los hombres son egóticos y guerreros. Pero ahí están las estadísticas…
Pongo mi esperanza en las niñas que están creciendo y son las promesas del futuro. Sin pretender trasladarles la carga, es posible que estén viendo el horror en las caras de sus padres y se pregunten por qué está pasando lo que pasa. De mayores tristemente lo comprenderán y, esperemos, lo intentarán revertir desde sus puestos de poder. Pongo también la esperanza en los niños que están siendo educados —en la mayoría de casos— por padres cooperativos y más implicados en su crianza. Padres que cuando escuchan que han bombardeado un colegio infantil, toman perspectiva y piensan que podría estar ocurriendo a sus propios hijos. Horrible. Esto ha de parar. No es el lugar que queremos habitar…
¿Y si hubiera más mujeres en puestos de poder y en las mesas de negociación? Según ONU Mujeres, cuando las mujeres participan de manera significativa en procesos de paz, la probabilidad de que los acuerdos duren al menos 15 años aumenta un 35 %. No es que sean “mejores” las mujeres que los hombres, sino que introducen variables que históricamente han quedado fuera de las negociaciones: el cuidado de la población civil, la reconstrucción social, la educación o la estabilidad a largo plazo.
Tal vez el futuro de la paz no dependa solo de tratados, ejércitos o equilibrios geopolíticos, sino de algo mucho más profundo: de la forma en que una sociedad protege la vida. Cuando una cultura respeta a sus mujeres y protege la dignidad de la vida que nace, está sembrando una lógica distinta a la de la dominación. Quizá por eso tantas investigaciones apuntan a lo mismo: donde las mujeres están seguras, las sociedades también lo están.
Puede que la paz mundial empiece por ahí, por algo tan sencillo —y tan revolucionario— como aprender a proteger la vida antes que el poder.
El mejor indicador de la paz de una nación no es su riqueza ni su nivel democrático, sino cómo trata a sus mujeres
Cita de Valerie M. Hudson (investigadora y experta mundial en género y seguridad internacional) para su libro: Sex and the World Peace, de 2012.
Ilustración de Aimée Sicuro, para el libro Bright Sky, Starry City, de Uma Krishnaswami, 2015.
Sugerencia: Meditación nº 7: “Meditación Metta con uno mismo y con los demás”. Esta meditación sirve para derribar los muros psicológicos que nos separan. Metta parte de la convicción de que todos estamos interconectados. Todos formamos parte de lo mismo. Nos ayuda a liberarnos de la ira y el resentimiento que solo nos enferma a nosotros. En momentos de crisis como la que estamos viviendo, a veces enviar palabras de buenas intenciones es lo único que podemos hacer. Vale la pena intentarlo. Buena práctica…