Leí este titular y me dejó prendada. Lo que tantas veces digo aunque, por mucho repetirlo, hasta que no se impone a través de los hechos, no lo integramos. Tomamos las “gracias” cotidianas por regaladas, hasta que se produce un “shock” (traumático en este caso) que nos lleva al extremo y nos obliga a reflexionar. Un contraste tan abrupto abre nuestros ojos y nos despierta, donde antes la rutina cotidiana nos tenía sonámbulos.
Ante esta situación radicalmente anormal, el ego está siempre alerta para protegernos con su cantinela habitual “yo, mí, me, conmigo”…un “sálvese quien pueda” que, por desgracia, estamos viendo en demasiadas ocasiones, contrastando brutalmente con las personas que ponen “en riesgo” su propia vida por salvar a los demás.
Esta guerra abierta biológica pone en entredicho tanto esfuerzo, inversión y atención a las armas tangibles y políticas en manos de jerarquías limitadas e incompetentes. Esta guerra nos incumbe a todos por igual y requiere soltar el ego: soltar el conflicto, soltar tener razón, la certidumbre, el poder y la necesidad de sentirse superior. Todo este sistema egótico pierde fuelle ante esta única, novedosa y escalofriante situación que nos aboca a darnos cuenta de que todos somos lo mismo: yo podría ser tú y tú podrías ser yo.
Es el concepto de HUMANIDAD COMPARTIDA
Curiosamente, es interesante releer pasajes de “El virus de la mente” (2011) de R. Brodie, en el contexto de este temible “coronavirus”. Cualquier virus tiene tres funciones: “reproducirse” tanto como le sea posible; “infiltrarse” en cuanto pille una rendija por la que poder colarse; y “expandirse” todo lo que pueda, ya que su propósito es llegar al máximo número de anfitriones posible, tanto si es un virus en el cuerpo, como en un ordenador como- y aquí está la paradoja- en la mente humana…
La diferencia con respecto a estos soportes es que el virus en la mente parte de una “idea”, un pensamiento que se instala en nuestro sistema de creencias, se reproduce a través de muchas repeticiones individuales hasta que lo integramos en nuestro organismo, y de ahí lo expandimos hacia nuestras familias, entorno, cultura…
¡Qué peligro si no somos capaces de atajarlo a tiempo!
En todos los casos hace falta un shock que nos resitúe en la realidad. AHORA nos estamos dando cuenta de que NO SOMOS SERES SEPARADOS…ha sido una entelequia que nos hemos creído. Un virus mental que se ha apoderado de nosotros.
La práctica meditativa abre la consciencia y es lo único que puede mantenernos despiertos ante el individualismo imperante que hemos propagado entre todos: Abramos los ojos de una vez…
“Este virus ha venido para mostrarnos una realidad que ya nadie debería dudar. Y lo hace poniéndonos un espejo delante (…). Nos viene a mostrar que no hay distancia entre tú y yo. Que la separación es pura falacia. Tú y yo somos la misma carne, la misma piel, el mismo corazón latiendo en diferentes cuerpos. La separación impuesta por la epidemia nos ha hecho volver a mirarnos a los ojos. Teníamos todos una especie de presbicia emocional y espiritual. La presbicia del YO. La falacia del individualismo en un mundo globalizado (…) interconectado. Hemos tenido que distanciarnos un metro y medio y taparnos la boca con trapos para volver a ver. Mirarnos a los ojos y aprender a escucharnos. Ahora se aplaude la disposición al sacrificio personal, al servicio a la comunidad para proteger al otro. Estos aplausos que nos dais son también para vosotros porque todos hacemos sacrificios. No lo olvidéis.
Algunos me preguntan ¿cuánto crees que va a durar esto? …. y mi respuesta es siempre la misma: ¡Lo que tardemos en entender! Entender que no estamos solos, que nuestros pasos dejan huella, que nuestros cuerpos están unidos.
Quédate en casa. (…). Agacha la cabeza, contacta con la humildad de nuestra evidente fragilidad humana. Respira y deja que la cresta de esta ola; el pico de esta epidemia; pase por encima de tu cabeza mesando tu alma. Rompiendo definitivamente las barreras levantadas por el miedo que aun encadena tu hermoso corazón.
Cuídate para cuidarme. Somos uno. No hay distancia. Nunca la hubo”
Extracto de una publicación del Dr. Sergio Galán, médico familiar en las Islas Baleares, especialista en Salud Pública durante más de 30 años en La Agencia Española de Cooperación Internacional. Podéis seguirle en FB.
Ilustración: la maravillosa y certera Mafalda, Viñeta de Quino