La disciplina no es levantarte cada mañana lleno de energía, dispuesto a comerte el mundo. Eso es motivación, y la motivación es caprichosa: hoy está y mañana desaparece. La disciplina es a la que nos agarramos precisamente el día que no tenemos ganas. Cuando hace frío, cuando estás cansado, cuando has dormido mal y tu cabeza fabrica veinte razones convincentes para dejarlo para mañana. Ese día no necesitas sentirte fuerte. Necesitas mover el culo y empezar. Porque cada vez que haces lo que dijiste que ibas a hacer, estás construyendo algo muy importante. Estás aprendiendo a confiar en ti.
Pero ojo con convertir la disciplina en otra forma de maltrato. Hay personas que empiezan un lunes queriendo cambiar diez cosas de su vida y el jueves ya han abandonado nueve, y se riñen. No necesitas hacerlo todo. Solo necesitas hacer algo y repetirlo. Diez minutos caminando. Cinco minutos de meditación. La cama hecha. Lo importante al principio no es la intensidad; es enseñarle a tu cerebro que cuando decides algo, lo haces. Actúas. Lo pequeño repetido tiene mucho más poder que lo extraordinario realizado solo una vez.
De entrada sabemos que habrá días en que te salga mal. El problema es utilizar el fracaso como excusa para abandonar. “Ya que hoy no he hecho ejercicio, esta semana está perdida.” “Como hoy he comido mal, empiezo el lunes.” No. Eso es tu mente convirtiendo un tropiezo en una salida fácil. Has fallado hoy y punto. Y mañana vuelves. La disciplina no consiste en no caer nunca, sino en reducir el tiempo que permaneces en el suelo.
Y aquí el Mindfulness tiene mucho que decir. Observa el momento exacto en que empiezas a negociar contigo mismo: mañana lo hago; por un día no pasa nada; estoy demasiado cansado. No necesitas discutir con esos pensamientos ni creértelos. Obsérvalos, déjalos ir como lo que son, tan solo pensamientos, y haz lo que habías decidido hacer. Obedece tu decisión, no tus pensamientos, y descubrirás la libertad. Puedes sentir desgana y aun así actuar. Puedes sentir miedo y seguir adelante…
Los que me conocen saben que literalmente “odio” hacer ejercicio. Y, sin embargo, bajo dos veces por semana a entrenamiento de fuerza. Eso sí, con un entrenador profesional que me vigila y me fuerza a hacer lo que no quiero hacer. Mientras me pongo las mallas aparecen mil pensamientos en mi cabeza que intentan impedir que baje. Los escucho como quien escucha a un viejo amigo: “Ya estáis aquí otra vez”, y sigo adelante. No permito que me frenen y obedezco lo que me he propuesto que tengo que hacer. Si no permites que te frenen, acabas ganando la partida. No me funciona con todo, pero con el ejercicio no fallo nunca.
Deja de preguntarte cada mañana si tienes ganas. Decide las cosas importantes y conviértelas en no negociables. Pocas, realistas y repetibles. Y cuando falles, vuelve a levantarte rápido. Porque cada pequeña promesa que cumples contigo mismo fortalece a la persona que quieres ser. Y, paradójicamente, cuanto más capaz eres de gobernarte, menos esclavo eres de tus excusas y tus estados de ánimo. Al fondo, en lugar de ser esclavo de tu mente, serás libre…
La disciplina es libertad.
Cita de Jocko Willink, del libro “Discipline Equals Freedom”, de 2017.
Ilustración de Sophie Blackall, para el libro The Mighty Lalouche, de Matthew Olshan, de 2013.
Sugerencia: Meditación n.º 13: “Meditación de la Montaña”. Esta meditación nos ayuda a desarrollar la firmeza y la sensación de poder interior. Nos ayuda a coger fuerza y defender nuestras decisiones. Ante los intentos de sabotaje interior y exterior, pisa fuerte. Eres montaña. Buena práctica…