THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

Cuánto se sufre por no querer sufrir

Cada ser humano alberga dentro de sí sufrimientos acumulados desde la infancia. Nuestra psique va desarrollando estrategias –la mayoría inconscientes- que protegen nuestras heridas más profundas para que nadie nos las vuelva a tocar. Vamos generando así mecanismos defensivos que pueden ser convenientes, porque nos resguardan de posibles ataques externos pero, muchas veces, perjudiciales, porque nos separan de los demás.

Esta táctica casi automática va forjando como dos partes dentro de nosotros: una parte “ocultadora” que nos esconde el daño para que no nos duela (nuestro niña/o herido), y otra parte “protectora” que impide que alguien se acerque peligrosamente y reabra nuestras llagas. Si no procuramos hacer consciente lo inconsciente, iremos creando barreras cada vez más extremas que dificultarán nuestras relaciones interpersonales. Lo que nace como un escudo protector, acaba convirtiéndose en nuestro peor enemigo, ya que magnifica la alerta y la desconfianza, generando todo tipo de creencias erróneas, percepciones distorsionadas, asunciones inexactas o patrones de pensamientos obsesivos.

Estas dicotomías internas pueden visibilizarse externamente en personas que se posicionan de entrada “a la defensiva” cuando todavía no has abierto la boca. Se nota sobre todo cuando una tardanza más de lo habitual, o una llamada que no has hecho cuando tocaba, o una conducta aparentemente incoherente, posicionan a estas personas “dolidas en el alma” y las incapacitan para realizar una “asunción generosa” y otorgarte el beneficio de la duda. Para clarificar: ante la sospecha casi siempre piensan mal…

Solo el dolor extremo es capaz de crear este tipo de protección extrema que te defiende aun cuando no sea necesario. El resultado son comportamientos tan abrasivos que expulsan hasta las relaciones más íntimas, generando a los más dolientes todavía más dolor. En definitiva, el patrón se fragua poco a poco y la percepción de amenaza constante echa mano de la estrategia más dañina: el bloqueo emocional que encierra nuestro corazón en una jaula dorada bajo siete llaves.

Y hace falta mucho coraje para ir abriendo los cerrojos e ir despojándonos de cada una de ellas.

Démonos cuenta: se sufre más teniendo el corazón cautivo que abierto al amor.

Yo decido correr el riesgo y dejar el mío al aire libre. Cuando lo dañen, que lo harán, lo sanaré a su vez con su misma energía amorosa.

El amor no es lo más importante, es lo único importante

“Tu mente es como un trozo de tierra sembrada con diversos tipos de semillas: de dicha, de paz, de atención, de entendimiento y de amor, y también semillas de rabia, miedo, odio y olvido. Siempre están ahí, durmiendo debajo de la tierra de tu mente.

Las semillas que más frecuentemente riegues serán las que con más fuerza crecerán” -Thich Nhat Hanh, 2006

Viñeta del ilustrador uruguayo Christian Orta, alias “CORTA”