THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

Decir “no pasa nada” cuando en realidad pasa, es el origen de muchas enfermedades y somatizaciones…

La melancolía, el miedo y la desazón que emerge ante situaciones dolorosas que podamos estar viviendo requieren nuestra atención.
Muchos piensan que si se paran a atenderlas se magnificarán y acabarán por apoderarse de su alma. Gran error…

Hemos de considerar que lo que estamos sintiendo ahora con tanta crudeza, quizás siempre haya estado allí. Lo que ocurre es que la actividad diaria y frenética que teníamos antes ha podido distraer nuestra mente tanto que lo ocultaba de nuestra consciencia. Ya no se queda a media tarde a tomar unas copas, ni apenas se sale de casa (si teletrabajas) con todo lo que implicaba de trajín coger el coche, el metro o simplemente caminar de un lado a otro y ver nuevas caras y vivir conflictos ajenos. El parón de salidas y encuentros con otra gente ha frenado también en seco las distracciones y la mente está en estado endogámico: yo conmigo dándole vueltas a lo mismo.

Las emociones -y los pensamientos que las alimentan- van haciendo su aparición y así vamos…

Los psicólogos estamos desbordados. Cuando te diriges amorosamente al sufriente que tienes delante (siendo también humano y sufriente) y le dices “permítete estar mal”, muchos se echan las manos a la cabeza. No se entiende que tenemos derecho a sentirnos mal y a no llevar puesta la sonrisa “pepsodent” todo el tiempo. De hecho esa sonrisa social y falsa conlleva un precio tremendamente alto: enfermedades y somatizaciones de todo tipo, porque nos estamos negando a nosotros mismos.

Y los que tenéis hijos en casa que reclaman vuestra atención, deberían empezar a escuchar “en este momento no puedo atenderte, necesito tomar un poco el aire y en cuanto pueda estoy contigo”. De esta forma les estamos enseñando que puede uno sentirse desbordado y que puede pararse para poder atender aquello que ocurre en su interior con el debido respeto.

Abrir espacio y acoger con cariño lo que nos pasa nos abre a mundos internos desconocidos que nos enriquecen y aportan matices imprescindibles para vivir una vida plena…

Descubrimos así, que la única salida a nuestros temores más grandes es abrirles la puerta y aceptarlos completamente. Ante cualquier situación tumultuosa podemos ver dos salidas: una escotilla para escapar de ellos o una guía tremendamente valiosa de autoconocimiento y aprendizaje, sabiendo que en el centro del huracán siempre hay un espacio de quietud.
Buena lectura…

“Cruzar el umbral de sentir tu debilidad, hace que encuentres tu fortaleza; al cruzar la puerta para sentir tu dolor, encuentras tu placer y tu alegría; al cruzar la puerta para sentir tu miedo, encuentras tu seguridad; atravesando la puerta para sentir tu soledad, encuentras tu capacidad para obtener plenitud, amor y compañía.
Cruzando la puerta para sentir tu desesperanza, encuentras la esperanza auténtica y justificada; cruzando el umbral de la aceptación de las carencias de tu infancia, encuentras tu plenitud actual.
A través de todas estas puertas encontrarás la verdadera vida (…)”.

Extracto de “No temas el mal” de Eva Pierrakos (1993).
Ilustración para “Seeking an Aurora” de las autoras neozelandesas Elizabeth Pulford and Anne Bannock.
Sugerencia: “Suaviza, conforta y permite espacio a las emociones difíciles” en www.psyke.es. Para desarrollar la gestión de las emociones. Nos ayuda a reconocerlas, aceptarlas y dejarlas estar dentro de nosotros, sin intentar reprimirlas ni controlarlas. Sabiendo que están ahí porque cumplen la función de informarnos de lo que es importante para nosotros en nuestras vidas.