THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

La energía lo es todo…

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La energía es finita. Esta frase habría que ponerla en la nevera y en el espejo del baño. No somos inagotables. Somos organismos vivos: cuerpos que respiran, piensan, sienten, reparan, se agotan y necesitan recargarse. Si gastamos más de lo que generamos, el cuerpo acaba pasándonos factura.

Nos preocupa mucho el tiempo, pero casi nunca hablamos de energía. Y de poco sirve tener la agenda libre si por dentro estás como un móvil a mínimos de batería y sin cargador. Porque, aunque estés sentado en el sofá aparentemente “sin hacer nada”, tu mente puede estar como una montaña rusa repasando preocupaciones, discutiendo mentalmente con gente que ni siquiera está delante o mirando el teléfono constantemente como si dentro hubiera un oráculo. Te extraña que acabes agotado, y es que no te has dado cuenta del desgaste.

La energía es biología, y la fabricamos a través de nuestras mitocondrias. Esas minúsculas y complejísimas centrales eléctricas que viven dentro de nuestras células toman lo que comemos y el oxígeno que respiramos y lo transforman en una especie de moneda energética del cuerpo, gracias a la cual podemos movernos, pensar, digerir, reparar tejidos, regular emociones, defendernos de una infección o simplemente levantarnos por la mañana sin sentir que la vida pesa una tonelada.

Las mitocondrias escuchan si dormimos mal, si vivimos en alerta, si comemos de cualquier manera, si estamos sedentarios, atrapados en relaciones que nos drenan o si nuestra mente no deja de darle vueltas y vueltas a las preocupaciones. Por eso, el estrés sostenido en el tiempo agota tanto. Mantener el sistema en modo alerta es carísimo. La autoexigencia, la tensión muscular y la necesidad de controlarlo todo también consumen. Incluso los “sí” que deberían ser “no” y la sonrisa educada cuando por dentro estás que no puedes más consumen.

La meditación es un antídoto potente de ahorro biológico, porque enseña al sistema nervioso a dejar de acelerarse cuando no lo necesita. La meditación no es sentarse a “poner la mente en blanco”, ese mito imposible que tanto daño ha hecho a los principiantes. Cuando nos sentamos a respirar y observar lo que ocurre en nuestra mente sin pelear con cada pensamiento, el cuerpo recibe una señal vital: ahora no hay peligro inmediato. Y, cuando el cuerpo se siente más seguro, puede dejar de gastar tanta energía en defenderse y empezar a invertirla en repararse y regenerarse.

En algunos estudios con practicantes avanzados se han observado reducciones espectaculares de consumo energético (incluso de hasta un 40 %), aunque no extrapolables a cualquiera que se siente diez minutos en una silla. Por eso, después de meditar, muchas personas sienten un poco más de espacio entre lo que pasa y cómo responden a lo que pasa. Un poco más de claridad y un poco menos de ruido. Y ese pequeño ahorro, repetido cada día, puede cambiar una vida.

Si gastamos la energía en sobrevivir, nos queda muy poca para vivir.

Lo que te define no son tus moléculas, sino tu energía.

Cita de Martin Picard, PhD, frase de la presentación oficial de Energy, publicación prevista para 2027.

Ilustración de Anna Read para el libro The Wanting Monster, de Martine Murray, de 2025.

Sugerencia: Meditación n.º 19: “Meditación de Amor y Energía Vital”. Esta meditación comienza por dar y traernos amor hacia nosotros y hacia los demás, como una forma de abrir un espacio de seguridad a la meditación posterior, que tiene la intención de conectar con nuestra energía vital. Es una meditación regeneradora y muy potente para activar nuestra frecuencia energética. Buena práctica…

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