Cuando te justificas diciendo “perdóname por lo que acabo de hacer, pero es que estoy muy estresado”, no estás pidiendo perdón; estás explicando tu comportamiento. Y la explicación –por muy cierta que sea– no repara el daño. Es como tapar una herida abierta con celofán: cubre, pero no cura. A veces confundimos nombrar lo que nos pasa con responsabilizarnos por lo que hacemos, y no es lo mismo. Una disculpa verdadera no acaba con un ‘pero…’. Si añades un ‘pero’, te estás defendiendo, no reparando la relación.
Porque sí, el estrés existe. La vida pesa. Muchos vamos acelerados, cansados y con la agenda apretada. Pero el estrés no habla por ti: solo tú hablas por ti. Y cuando tu reacción hiere, cuando tu respuesta va cargada de reproches, o tus palabras son un ‘zasca’ fuera de tono, lo justo es ir de frente sin rodeos. Decir “no debí haberte hablado así” es mucho más valiente que cualquier párrafo explicativo sobre tu semana complicada.
La excusa del estrés tiene un efecto perverso: convierte tu disculpa en un monólogo sobre ti. “Lo siento… pero estoy fatal”, “te grité… pero es que no puedo más”, “salté… pero mira todo lo que llevo encima”. Ese ‘pero’ anula todo lo que has dicho antes. Y la otra persona lo percibe. Lo sabe. Lo recibe como una retirada emocional (una excusa barata, vamos). En el fondo, intenta ser una forma elegante para evitar asumir responsabilidad completa.
Un perdón real va desnudo. Sin adornos. Sin atenuantes. Sin explicar tu expediente personal. Un perdón real reconoce el impacto, no tus circunstancias: “Hice daño. No tenía derecho. Y lo asumo. No hay excusa”. Punto. Es incómodo, sí. Te deja vulnerable, sí. Pero también es profundamente liberador, porque lo auténtico siempre libera. Y desde ahí sí puede haber una reparación.
Así que la próxima vez que tu ego te intente colar excusas, cállalo con algo más poderoso: honestidad radical. El estrés puede explicar tu reacción, pero nunca la justifica. Y cuando tú te haces cargo, algo cambia. En ti. En el otro. En la relación. Ese es el verdadero músculo emocional que tenemos que entrenar.
Si alguien dice: ‘Siento si te ofendiste’, respóndele:
No pidas perdón por mi reacción, pide perdón por tus palabras’.
Cita de Jefferson Fisher de su libro “The Next Conversation: Argue Less, Talk More”. 2025.
Ilustración de la escritora Simona Ciraolo, para su libro “Whatever happended to my Sister”. 2015.
Sugerencia: Meditación n. 22 – “Meditación del Perdón”.
Podemos causar daño y nos pueden causar daño, consciente o inconscientemente, movidos por el dolor, el miedo, la ira o la confusión. Esta meditación ayuda a cultivar el perdón hacia nosotros mismos y hacia los demás sin forzarnos, permitiendo que la intención de perdonar resuene en nuestro corazón. Buena práctica…