THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

Si lo que te crees te limita, estás dando vueltas en tu cárcel mental

¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir: “Yo soy así y no puedo cambiar”? Están tan convencidos de su condición que ni lo intentan. El problema no es solo que lo piensen. El problema es que se lo creen. Y, cuando una persona se cree demasiado sus pensamientos, deja de vivir desde la libertad y empieza a vivir desde una especie de condena interior.

Muchas de nuestras creencias limitantes nacen de frases que nos han repetido en momentos puntuales: “Eres un desastre”, “no vales para esto”, “eres demasiado sensible”, “siempre lo haces mal”, “no sueñes tanto”. A veces las dijo alguien importante, como nuestros padres o cuidadores. A veces no las dijo nadie de forma expresa, pero las percibimos en el ambiente, en las miradas, en las comparaciones o en el silencio. Y, como éramos niños, dedujimos: “Esto soy yo”.

Y aquí empieza la cárcel mental: cuando esas frases dejan de ser solo palabras y se convierten en barrotes invisibles. “No tengo disciplina”, “nunca acabo nada”, “no soy suficiente”. De tanto oírlas, acabamos repitiéndolas por dentro y las confundimos con nuestra identidad. “Esto es lo que soy, esto es lo que puedo y no puedo hacer, y esto es hasta donde llego”, dando vueltas en la misma celda, bajo el mismo titular: no hay salida.

Cuando este tipo de pensamientos se pega a la mente, el “no puedo” aconseja no intentarlo. El pensamiento “haré el ridículo” pretende que evitemos exponernos. El pensamiento “no soy capaz” hace que abandonemos antes de empezar. No manda la vida. Manda la frase. Y, si nos quedamos ahí estancados, sin movernos, nunca generaremos experiencias nuevas que desmientan esas creencias. Es el pez que se muerde la cola. Como no puedo, no lo hago y me creo todavía más que no puedo. Obediencia ciega. ¿Qué hacer?

Lo primero es darte cuenta del pensamiento, reconocerlo como solo un pensamiento y preguntarte: “Si dejo de obedecer esta frase por un momento, ¿qué pequeño paso podría dar en dirección a la vida que quiero llevar?”.

Un paciente me contó que su profesor le dijo que no era lo suficientemente inteligente ni estudioso como para acabar el bachillerato y le recomendó ponerse a trabajar. Hoy es un ingeniero de Medio Ambiente exitoso. Desafió a su “condena” y se escapó de la falsa cárcel.

Reflexión: ojo con lo que te crees, tanto internamente como externamente. Y, sobre todo, cuidado con lo que les decimos a nuestros jóvenes quienes tenemos ascendiente sobre ellos. Tenemos el poder de hundirlos, pero también de motivarlos. Tomemos conciencia…

Las creencias limitantes son pensamientos profundamente arraigados que nos impiden alcanzar nuestro máximo potencial. Estas creencias a menudo pasan desapercibidas, pero impactan significativamente en nuestras vidas al crear barreras psicológicas que impiden pasar a la acción.

Cita del libro Acceptance and Commitment Therapy, de Hayes, Strosahl y Wilson, de 1999.

Ilustración de Ella Frances Sanders para su libro Eating the Sun: Small Musings on a Vast Universe, de 2019.

Sugerencia: Meditación n.º 4: “Aquí y Ahora: Mente-Cuerpo-Mundo”. Nos ayuda a pararnos y darnos cuenta de lo que la mente nos está contando en un momento determinado y de lo que aparece en nuestro cuerpo en forma de emoción que nos mueve a emprender o no una acción. Es como una breve ITV que nos hace conscientes de lo que estamos decidiendo y nos permite elegir comprometernos con nuestras decisiones desde nuestros valores. Buena práctica…

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