THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

El perfeccionismo: ¿propulsor o trampa?: “El perfeccionismo mata la creatividad”

Hace falta un mínimo de imperfección para conseguir un resultado creativo satisfactorio, pues la mente necesita tener espacio abierto para la improvisación sin límites. Es lo que muchos han denominado el “vacío fértil”, que supone no obstaculizarnos con nuestras propias creencias ni rigideces sobre cómo debemos o podemos desempeñar tal o cual función, y dejarnos fluir extensamente sin cortapisas hacia la creación de algo nuevo, aún por descubrir. En este proceso explorador, hace falta amigarse con la imperfección que inevitablemente hará su aparición para llevarnos hacia la búsqueda del arte final. La imperfección, en este sentido, nos motiva a generar nuevas posibilidades en sintonía con nuestras aspiraciones.

Pero ¿y cuándo la necesidad de perfección nos somete a la rueda de auto-exigencia? y -en consecuencia- a intentar cumplir con nuestros propios requisitos, a menudo inalcanzables. Si no los alcanzamos acabamos decepcionados con nosotros mismos o, lo que es peor, nos paralizamos con frases del tipo “como no soy suficiente, no me muevo”, cerrándonos a nuevas invenciones por miedo al fracaso o a la decepción de las personas que nos rodean.

El mito de que la perfección sea la causa de nuestro éxito, es contra-intuitivo. ¿Cómo puede existir la perfección en un ser imperfecto, de partida, por naturaleza?

Visto lo visto, la perfección puede ser un propulsor o una trampa. Lo que hace la diferencia siempre es la TOMA DE CONCIENCIA: darnos cuenta de lo que nos exigimos y nos castigamos si no conseguimos los objetivos propuestos; darnos cuenta de dónde nos vienen esas exigencias (es posible que provengan de nuestros cuidadores principales, pero ahora ya no depende de ellos ¿es eso lo que queremos para nosotros?), y darnos también cuenta de nuestra necesidad de explorar con apertura y curiosidad fuera de nuestras propias fronteras: descubrir hasta dónde podemos llegar sin esas exigencias limitantes que nos impiden –por miedo a nuestro propio castigo- salirnos de los constreñimientos que nos presenta nuestra mente.

La flexibilidad cognitiva se hace imperativa…

¿Para qué, si no, tenemos esta “única y salvaje vida” a la que nos incita Mary Oliver, tantas veces referenciada en esta página….

“La imperfección supone la esencia de todo lo que conocemos sobre la vida. Es la señal vital en un cuerpo inmortal; es decir, la percepción inequívoca de continua evolución y cambio. Nada de lo existente puede ser rígidamente perfecto, parte de él decae y parte renace constantemente…
Y en todo lo viviente hay ciertas irregularidades y deficiencias que no solo son símbolos de la vida misma, sino fuentes de belleza. Ningún rostro humano es idéntico en ambos lados, ninguna hoja perfecta en ambas láminas, ninguna rama es simétrica. Todas admiten asimetrías porque implican cambio; y extinguir la imperfección supondría destruir la expresión, supervisar el esfuerzo, paralizar la vitalidad.
Todas las cosas son literalmente mejores, más bellas, y más amadas por las imperfecciones que hayan podido acontecer por inspiración divina, que la ley de la vida humana podría ser Esfuerzo, y la ley del juicio humano, Compasión.
Acepta, pues, esta ley universal: ningún trabajo noble de un ser humano puede ser bueno, si no es imperfecto”.

Extracto del libro “The Stones of Venice” del escritor polifacético y filántropo John Ruskin (1853).
Ilustración de Olimpia Zagnoli para la obra “Mister Horizontal & Miss Vertical” de Noémie Révah.
Sugerencia: Meditación nº 5: “Monitoreo abierto: Conscientes de ser conscientes” para cultivar la amabilidad, apertura y aceptación ante todo lo que aparece en nuestra consciencia como observadores imparciales de la experiencia, sin etiquetar y sin contarnos historias sobre lo que experimentemos. Posibilita la flexibilidad cognitiva, facilitando la apertura y adaptabilidad a lo que nos presenta la vida sin prejuicios ni corsés opresores limitantes a causa de nuestras creencias adquiridas. Nos posicionamos en la pura consciencia.