THERAPEUTIC REFLECTIONS FOR THE WEEK, WITH THE INTENTION OF LIVING IN THE PRESENT MOMENT AND THE ASPIRATION OF A MORE MEANINGFUL LIFE

Si te sientes siempre culpable, es que te han debido culpar mucho…

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LA CULPA I: La culpa es una emoción compleja que se ha utilizado demasiadas veces buscando doblegar a las personas para conseguir su sumisión. Las consecuencias de una culpa mal entendida nos pueden llevar a dos polos opuestos muy poco saludables. Pues tan malo es culpar a los demás de lo que te pasa, como asumir que lo que les pasa a los demás es responsabilidad tuya.

Sentirse culpable por casi todo –por decir “no”, por necesitar espacio, por expresar una opinión distinta o simplemente por querer “ser” tal como uno es– tiene raíces muy profundas. Cuando una figura de referencia a la que admiras (padres, cuidadores o hermanos mayores), reacciona con enfado, indiferencia o reproche ante tus necesidades emocionales, aprendes a suprimir tus verdaderos sentimientos. Así, la culpa se convierte en una especie de pegamento psicológico: mantiene el vínculo, pero pagando el precio de tu autenticidad. En lugar de preguntar “¿qué necesito?”, la mente aprende a preguntarse “¿qué esperan de mí?”, dándote cuenta de que tu bienestar y la armonía familiar dependen de no molestar, no contradecir y no decepcionar.

Desdobla la palabra cumplimiento y verás: Ante miradas acusadoras “cumplo y miento” para impedir el reproche y evitar el conflicto. Cumplo para que no se enfaden. Miento para que no me rechacen. El problema es que si no descubres el patrón y te liberas, repetirás esta conducta en tus relaciones adultas y te disculparás por sentir, por pensar, por querer demasiado o por querer de manera distinta. Y lo peor es que posiblemente acabes educando a tus hijos de la misma manera. Y es que la culpa es una estrategia educadora con mucho potencial, capaz de mover montañas.  Pero es malsana. La clínica está llena de personas cabizbajas, incapaces de quitarse el peso de la culpa de encima.

Dejar de cargar con culpas ajenas implica ver con claridad que no toda tensión en una relación es tu responsabilidad. A veces, la incomodidad de otro no tiene nada que ver contigo, sino con sus propias necesidades y limitaciones emocionales. No se trata de juzgar a tus cuidadores, sino de comprender que su inmadurez emocional les impedía reconocer y validar tu propia realidad emocional. La próxima vez que te echen la culpa de algo, reflexiona: qué parte es tuya y qué parte es suya…

Liberarse de la culpa que otros te impusieron no es egoísmo;

es recuperar el derecho a sentirte en paz contigo mismo.

Cita del libro “Adult Children of Emotionally Immature Parents” (Hijos adultos de padres emocionalmente inmaduros), de la Dra. Lindsay C. Gibson. 2021.

Ilustración de Pascal Lemaitre, para “The Book of Mean People”, de Toni Morrison. 2002. 

Sugerencia: Meditación n. 8 – “Suaviza, Conforta y Permite Espacio a las Emociones Difíciles”.

Esta meditación nos ayuda a desarrollar la gestión de nuestras emociones: reconocerlas, aceptarlas y dejarles estar en nosotros. Cuando te encuentres con la culpa, no la empujes. Solo siéntate con ella y permítele espacio. A veces sanar empieza por dejar de disculparte por sentir. Buena práctica…