REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

1ª Consulta: “no soporto al novio de mi madre”

1a-consulta-no-soporto-al-novio-de-mi-madre-psyke-blog

…Y si eres el hijo, aún es más punzante. De pronto ves a tu madre, que era “tuya” desde que se divorció de tu padre –que ya fue doloroso– con otro hombre que te roba toda su atención, y se te llevan los demonios. Advierto de entrada que muchas veces ese rechazo no va del novio. Va de la herida. Va del miedo a perder un lugar que parecía seguro. Va de esa sensación infantil –aunque tengas cuarenta años– de que alguien llega tarde a una historia y de pronto ocupa el centro del escenario. Y eso duele. Duele tanto, que casi da vergüenza admitirlo.

El problema aparece cuando ese dolor se intenta justificar con un juicio: “no le pega nada”, “no es para ella”, “no está a su altura”. No hay nada que argumentar. Simplemente no estamos preparados para ver a nuestra madre como una mujer con vida propia y con derecho a elegir a alguien que no hemos elegido nosotros. Aceptar eso duele, pero –aunque ahora te cueste verlo– puede que sea lo mejor que te ha podido pasar: es una oportunidad para reconstruir vuestra relación desde otro lugar…

Aquí la pregunta no es: “¿me gusta o no me gusta su pareja?”, sino: “¿qué se activa en mí con esta situación?” Celos… miedo al abandono… rabia antigua… sensación de traición. Porque madurar no es solo independizarse y vivir lejos de casa, es también renunciar a la fantasía de exclusividad emocional. El vínculo madre-hijo y padre-hija cambia, quiera uno o no, y resistirse a ese cambio puede destrozar la relación que tanto se quiere proteger.

Aceptar que nuestra madre no es “nuestra”, sino una adulta con derecho a rehacer su vida, no nos quita amor: nos devuelve libertad. La suya y la nuestra. Y ese paso –difícil, incómodo, y profundamente humano– es uno de los actos más claros de madurez emocional. Es infantil colocar al otro como el enemigo, cuando en realidad el conflicto vive dentro de ti por no querer soltar un vínculo que ya no es lo que era.

Pues no es tu madre quien te está traicionando, es tu mente la que se resiste a actualizar el vínculo. Supone pasar de hijo herido a adulto capaz de sostener dos verdades a la vez: que te duele compartirla y que ella tiene derecho a amar. Ambas cosas pueden coexistir. Negar una en nombre de la otra es lo que acaba en distancia, frialdad o, peor, en ruptura.

Te guste o no te guste su pareja, la tarea no es tolerarlo a él, sino escucharte a ti. Pregúntate qué parte tuya se siente desplazada, qué necesita ser validado, qué miedo necesita ser atendido con honestidad adulta. Desde ahí –no desde la rabia ni el juicio– puede nacer una relación nueva con tu madre, más real, más libre y, desde luego, más madura.

 “La madurez emocional implica aceptar la autonomía emocional de las personas que amamos, incluso cuando eso despierta en nosotros sentimientos de pérdida o inseguridad”.

Extracto de “Hijos adultos de padres emocionalmente inmaduros”, de Lindsay C. Gibson. 2015

Ilustración de Bobby Baker para “Diary Drawings” Day 698. 2010.

Sugerencia: Meditación n. 16 – “Meditación RAIN” en www.psyke.es.

Esta meditación es una poderosa herramienta que nos ayuda a desengancharnos de trances emocionales en los que a veces entramos. Siguiendo las letras de este acrónimo, aprendemos acoger nuestras emociones. Al indagar en nuestro interior, podemos llegar a comprender por qué se han generado y tratarnos con cariño al sentirlas sin identificarnos con ellas. Buena práctica…