REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

No te fijes tanto en alcanzar la meta; la recompensa está en el esfuerzo…

no-te-fijes-tanto-en-alcanzar-la-meta-la-recompensa-esta-en-el-esfuerzo

Creer que solo vale lo que termina en éxito visible es una trampa. Si apruebas, vales. Si consigues adelgazar, vales. Si te eligen para el puesto de trabajo, vales. Y, mientras tanto, todo lo demás: la constancia, los días en los que te sientes vulnerable —y aun así vuelves a empezar—, las veces en que te miras en el espejo y dices “otra vez aquí”. Todo ese esfuerzo parece no contar. Como si la vida fuera un examen con nota final y no una escuela constante en la que aprendemos tantas veces tropezando.

Esforzarse de verdad no es lucirse. Es exponerse cuando no hay garantías. Es hacer algo que te importa a ti sabiendo que puede salir regular, que puedes decepcionarte, que alguien puede no aplaudirte y que igual no consigas lo que querías. El esfuerzo requiere mucho coraje. De hecho, no se puede forjar la valentía sin vulnerabilidad. Lo que nos indica que en el propio empeño está nuestra fortaleza. El que va a lo fácil porque sabe que lo puede conseguir ni genera resiliencia ni disfruta de lograrlo porque no le ha supuesto ningún esfuerzo.

Cuando una persona mide su valor solo por el resultado, se vuelve más frágil. Si gana, se hincha; si pierde, se hunde. Vive pendiente de demostrar que es capaz, inteligente, atractiva o suficiente. Pero, cuando aprende a valorar el proceso, deja de vivir secuestrada por la nota final. No se pregunta solo “¿lo he conseguido?”, sino “¿qué estoy aprendiendo de mí mientras lo intento?”. Recuerda, si no, momentos de desesperación en tu vida en los que te volviste a levantar y date cuenta de que justo ahí estaba tu valía.

Obsesionarse con la meta te puede tiranizar. Por eso, no te fijes tanto en lograrla. Mírala, sí, para orientarte, pero no le entregues tu alma. Porque puede hacer que todo el camino parezca infructuoso y que cualquier pequeño avance parezca poco. La recompensa está en lo que el esfuerzo va haciendo contigo desde dentro: te vuelve más resistente, más humilde y más capaz de sostener la incomodidad sin salir corriendo. Por eso, aprender a tolerar la frustración, en un mundo en el que nos la encontramos en cada esquina, es una vacuna contra la desesperanza.

Es posible que un día llegues a la meta, o quizá no del todo, o quizá llegues a otra distinta y mejor de la que habías imaginado. La vida se despliega día a día. Y, si en el camino has aprendido a no rendirte ante el primer miedo y a seguir caminando con el corazón en un puño, pero abierto…, entonces ya has ganado algo mucho más importante que un resultado: te has ganado a ti.

La mentalidad de crecimiento permite a las personas
valorar lo que hacen con independencia del resultado.

Cita de Carol S. Dweck para su libro Mindset: The New Psychology of Success, de 2006.

Ilustración de Carson Ellis para su libro In the Half Room, de 2020.

Sugerencia: Meditación n.º 16: “Meditación RAIN”. Te enseña a reconocer lo que estás sintiendo, aceptarlo sin pelearte de inmediato con ello, investigarlo con amabilidad y no identificarte por completo con esa emoción. Una práctica muy útil cuando lo difícil no es solo lo que sientes, sino la lucha interna que tienes por no querer sentirlo. Buena práctica…

,