REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Cuando te apriete la ansiedad, desata tu curiosidad…

cuando-te-apriete-la-ansiedad-desata-tu-curiosidad

La ansiedad siempre irrumpe con urgencia, con amenazas y con la sensación de que hay que hacer algo inmediatamente. El cuerpo se tensa, la respiración se acorta, la mente empieza a fabricar películas terribles y, en cuestión de segundos, ya estamos viviendo dentro de una catástrofe que todavía no ha ocurrido. Así funciona: no necesita un hecho concreto.

La ansiedad es como un bucle que se retroalimenta a sí mismo: aparece la sensación, nos ponemos en alerta, se desencadena la preocupación y se dispara la ansiedad. Pronto el secuestro es absoluto y, lo que es peor, va en aumento. Enseguida intentamos controlarla. Nos decimos: “cálmate”, “no pienses en eso”, “no exageres”. Y cuanto más intentamos calmar la ansiedad a la fuerza, más se dispara. Porque la ansiedad no obedece órdenes. Es como un animal asustado: si lo acorralas, se revuelve. Aunque parezca imposible, si aprendes a mirarla con un poco de espacio y, sí, curiosidad, empieza a bajar la intensidad. ¡Pero qué difícil!

Judson Brewer, psiquiatra y neurocientífico especializado en mindfulness, propone algo sorprendentemente sencillo que nos puede ayudar a salir del circuito: cuando aparezca la ansiedad, genera mucha curiosidad e investígala. En lugar de decir; “Esto no debería estar pasando”, párate y pregúntate con interés: “Mmm… ¿Qué está pasando aquí?”. Brewer comprobó el poder de la curiosidad en una excursión con un grupo de personas con ansiedad. En un momento dado, él y otro médico dijeron simplemente: “Mmm” y miraron alrededor como sorprendidos por algo. Nada más. Ese pequeño gesto despertó la curiosidad del grupo. ¿Qué estaban mirando? ¿Qué habían visto? Y, durante unos instantes, la ansiedad bajó de intensidad porque la mente dejó de estar en modo amenaza y entró en modo exploración.

La curiosidad cambia la pregunta. Donde la ansiedad dice: “No puedo con esto”, la curiosidad pregunta: “¿Dónde estoy notando el miedo en mi cuerpo?”. Cuando la ansiedad se desespera: “Esto es insoportable”, la curiosidad se acerca un poco y observa: “¿Es presión, un nudo, temblor?”. Al observarlo con interés y precisión, ya no nos arrastra la tormenta.

Pero hay que entrenarse. Al meditar potenciamos tres cualidades fundamentales: apertura, curiosidad y ausencia de juicio. Apertura para abrirnos completamente a la experiencia sin intentar cambiar nada, solo darnos cuenta de lo que sucede mientras meditamos. Curiosidad para observar lo que va ocurriendo con auténtico asombro. Y ausencia de juicio para aprender a no añadir más sufrimiento en momentos en los que ya estás sufriendo: “Estoy ansiosa y además me machaco por estar ansiosa”.

La ansiedad puede ser muy desagradable, incluso incapacitante. Pero, si aprendemos a mirarla con un milímetro de espacio, ese milímetro es libertad. Ese milímetro es mindfulness

La curiosidad conquistará el miedo incluso más que la valentía.

Cita del escritor irlandés James Stephens en su libro The Crock of Gold, de 1912.

Ilustración de Isabelle Simler para su libro Home, traducido por Vineet Lal (2024).

Sugerencia: Meditación n.º 16: “Meditación RAIN”. Esta meditación es una poderosa herramienta que nos ayuda a reconocer lo que está ocurriendo, permitirlo, investigarlo con curiosidad y nutrirnos con amabilidad. Es una práctica perfecta para transformar la ansiedad en una experiencia que podemos mirar, sostener y comprender sin quedar atrapados dentro de ella. Buena práctica…

,