Cuando descubres que tu mente no te informa, sino que interpreta todo lo que vive —a su gusto—, empieza la liberación. Además de interpretar, dramatiza, exagera, sospecha, anticipa, acusa, justifica y te monta una película entera con los datos sueltos que pilla al vuelo. Increíble…
Alguien tarda en contestarte un mensaje y la mente empieza: “Ya no le importo”. Tu jefe está serio y la mente traduce: “He hecho algo mal”. Tu pareja está distante y la mente sentencia: “Esto se acaba”. Una amiga no te invita a un plan y la mente concluye: “No quiere saber nada de mí”. Y tú, sin darte cuenta, no estás viviendo lo que ocurre, sino la historia que tu mente te está contando sobre lo que ocurre. Fíjate bien y verás…
Todos tenemos una voz dentro de la cabeza que habla sin parar. Y cuanto antes lo descubras, antes te liberarás. Lo comenta todo y opina de todo. Recuerda lo que pasó, anticipa lo que pasará, juzga lo que debería haber pasado y reorganiza la realidad para que encaje con sus propios miedos. Es como vivir con una tertuliana interna que no se calla jamás.
El problema no es que la mente hable. El problema es que te creas lo que te dice.
La mente no siempre busca la verdad; en realidad, busca la seguridad. Prefiere una explicación dolorosa antes que la incertidumbre. Prefiere pensar “no me quieren” antes que tolerar simplemente “no lo sé”, porque la ambigüedad le resulta insoportable. Y entonces rellena los huecos con experiencias pasadas, con aquella vez que sí te abandonaron o sí te traicionaron. Así, lo que está ocurriendo hoy queda contaminado por todo lo que no se resolvió entonces.
Por eso, preguntarte “¿qué historia está fabricando mi mente ahora?” y diferenciar qué parte es un hecho y qué parte es interpretación de tu mente es fundamental. Al practicar mindfulness dejamos de estar hipnotizados por nuestra mente. Aprendemos a observar el pensamiento como un pensamiento y la emoción como una emoción. Y, sobre todo, la película mental como una película de Netflix, sabiendo que es eso, solo una película.
Tú no eres esa voz que habla dentro de tu cabeza; eres quien la escucha. Date cuenta de que, si puedes observar la voz, entonces no eres la voz. Si puedes escuchar el pensamiento, no eres solo el pensamiento. Y ahí empieza la calma.
La mente es maravillosa cuando está a tu servicio, pero puede convertirse en una tirana cuando te crees todo lo que dice. Por eso, la próxima vez que notes que te aceleras por dentro y que empiezas a rumiar, intenta parar. Respira y baja de la cabeza al pecho, al abdomen, a los pies, y pregúntate: “¿qué historia me estoy contando?”. No le entregues el volante a la primera versión que aparece y dile a tu mente: “gracias por intentar protegerme, pero voy a esperar a tener más información”. Muchas veces no sufrimos solo por lo que pasa. Sufrimos por la historia que nos contamos sobre lo que pasa…
No eres la voz de la mente; eres quien la escucha.
Cita de Michael A. Singer, de su libro The Untethered Soul: The Journey Beyond Yourself, de 2007.
Ilustración de Sophie Blackall para su libro Missed Connections: Love, Lost & Found, de 2011.
Sugerencia: Meditación n.º 4, “Aquí y Ahora: Mente-Cuerpo-Mundo”. Esta práctica nos ayuda a salir del ruido mental y volver al presente: al cuerpo que respira, a la mente que observa y al mundo tal como es, antes de que nuestras historias lo distorsionen. Buena práctica…