REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

El ego necesita tener razón para sostenerse en pie…

Quizás no lo sepas, pero si necesitas tener siempre la razón, no estás defendiendo la verdad, estás manteniendo a tu ego. Hay personas que, cuando discuten, no escuchan para comprender, escuchan buscando el momento exacto para responder, justificar lo que hicieron o demostrar que el otro está equivocado. Mientras tú hablas, ya están preparando el alegato de su defensa. No quieren llegar a un acuerdo, quieren quedar por encima.

Necesitar tener siempre la razón es una clara muestra de inseguridad. Cuando has fusionado tus opiniones, tus decisiones y tu manera de hacer las cosas con tu identidad, cuestionar una conducta tuya es como si cuestionaras quién eres. No te abres a nueva información porque todo lo nuevo lo percibes como un ataque. Y cuando el ego se siente amenazado despliega inmediatamente su arsenal: se explica, se justifica, contraataca, culpa o rescata del archivo un error que cometió el otro hace siete años. Así es…

“Yo hice eso porque tú…”. “Tú haces cosas mucho peores…”. Estas respuestas tienen algo en común: desplazan la atención de lo que el otro está intentando decirte para devolvérsela como una acusación. Así consigue el ego lo que quería: no tener que mirarse ni preguntarse qué ha tenido que ver en todo esto. Necesita que su relato sea el verdadero para seguir sintiéndose sólido. Hay personas que prefieren quedarse solas teniendo razón que permanecer unidas reconociendo su responsabilidad en el debate.

Imagina que tu pareja te dice: “Ayer me sentí muy sola cuando no me llamaste”. El ego escucha: “Eres una pareja terrible” y responde: “Eso no es verdad, te escribí dos veces y tú tampoco me llamaste”. Pero eso no era lo que la otra persona estaba diciendo. Solo estaba intentando mostrarte cómo se sintió. Podrías responder: “Entiendo que te sintieras sola. Cuéntame qué necesitabas de mí”. Una respuesta protege tu imagen (a la defensiva). La otra protege el vínculo.

Detrás de muchas respuestas defensivas no hay maldad, hay vergüenza. Quizá crecieron sintiendo que equivocarse implicaba ser rechazados. Ahora son personas adultas, pero cuando reciben una crítica sigue apareciendo aquel niño aterrorizado que aprendió que tenía que defenderse para estar a salvo. Por eso el ego necesita saber quién tiene la culpa, mientras que la consciencia quiere saber qué está ocurriendo. El ego quiere ganar. La consciencia quiere comprender. El ego pregunta: “¿Cómo demuestro que no me equivoco?”. La consciencia pregunta: “¿Qué no estoy siendo capaz de ver?”. Este cambio mínimo puede transformar totalmente una conversación y —lo más importante— toda una relación.

El mayor signo de evolución no es tener mejores argumentos, sino dejar de necesitar utilizarlos constantemente. ¿Cuántas relaciones mejorarían si renunciáramos a ganar la discusión y escucháramos de verdad?

El ego es la guerra de la mente contra la realidad.

Cita de Aaron Abke, de su libro “The Three Beliefs of Ego: A Sufferer’s Guide to Freedom”, de 2025.

Ilustración del ilustrador coreano JiHyeon Lee, para “Door”, de 2018.

Sugerencia: Meditación n.º 16: “Meditación RAIN”. Esta meditación es una poderosa herramienta que nos ayuda a reconocer la defensa, permitir la incomodidad, investigar qué intenta proteger tu ego y dejar de identificarte con esa reacción. Buena práctica…

, ,