REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Tú no puedes ver tu propia cara. Para vértela necesitas un espejo…

Puedes mirarte las manos, las rodillas y los pies, pero no puedes verte directamente la cara sin algo que te la refleje. Muchas veces ese reflejo son las caras de los demás. Nos reflejan y también les reflejamos. Lo vemos en el gesto de alguien que se encoge si levantamos la voz, en la sonrisa que aparece al vernos entrar por la puerta, en una amiga que nos pregunta qué nos pasa al ver nuestra expresión triste. Por eso dicen que la cara es el espejo del alma…

Hay cosas de nosotros que se ven mejor desde la silla de enfrente. Si pudiéramos ver en directo nuestras propias expresiones, a veces nos asustaríamos. Una vez estuve sentada en el salón de una amiga que tenía un espejo a su espalda. Estábamos colocadas de tal manera que no podía evitar verme la cara. En un momento determinado me contó una historia que me chocó por fantasiosa. De pronto me vi poniendo los ojos en blanco. ¡Qué horror! Mi cara estaba haciendo un comentario que yo no había pronunciado. Y ella lo tenía en primera fila. A partir de ahí empecé a observarme para no volver a repetirlo. Menos mal que de esto hace muchos años, cuando ni pensaba en ser psicóloga. Aunque serlo tampoco garantiza tener los ojos en su sitio.

Aunque no abramos la boca, nuestros gestos comunican mucho más de lo que pensamos. Rular la mirada mientras alguien nos habla es una clara expresión de desprecio hacia lo que nos está contando, y duele. A veces basta una mueca para que la otra persona pierda las ganas de seguir hablando. La defensa suele ser “pero si yo no he dicho nada”. Y es verdad, pero hemos dejado al otro sintiéndose inoportuno o poco importante. Desde este punto de vista, pensad que también podemos producir el efecto contrario con un pequeño gesto de aprobación, una mirada auténtica o un rostro suave que escucha atentamente y que hace al otro sentir que nos importa.

Tampoco podemos leer la mente del otro solo mirando su cara. Su expresión seria puede ser de cansancio, preocupación o dolor de cabeza, y no necesariamente enfado con nosotros. Por eso es mejor preguntar antes de sacar conclusiones. Y, al mismo tiempo, aprender a reconocer qué nos está pasando mientras escuchamos. Darnos cuenta de que estamos juzgando antes de haber terminado de escuchar al otro es crucial. Con decirnos internamente “juzgando”, ya estamos poniendo un poco de espacio en la situación que nos permite enlentecer la respiración y aflojar la tensión, y así recuperar la curiosidad por lo que esa persona intenta contarnos.

Haz la prueba hoy mismo, en una conversación cualquiera. Deja el móvil y mira a quien te habla prestando atención tanto a sus palabras como a tu manera de recibirlas. Y si se te escapa una mueca, date cuenta y suaviza el rostro. Cuidar una relación incluye estos pequeños gestos que son tan habituales que no nos damos ni cuenta. Nos preocupamos mucho por la cara que miramos en el espejo antes de salir de casa, y está bien que así sea, pero ¿y si prestáramos un poco más de atención a la que ofrecemos a los demás cuando estamos con ellos?

No reacciones a lo que estás escuchando.
Sigue respirando, deja de lado tus propios objetivos y concéntrate en tu pareja…

Cita de John Gottman, de su libro 20 Quotes to Make Your Relationship Better, Gottman Connect, 2022.

Ilustración de Mayumi Otero y Raphael Urwiller (Icinori), para su libro Thank You Everything, 2024.

Sugerencia: Meditación n.º 18: “Meditación del Amor y las Relaciones”. Permite abrir nuestro corazón para ser conscientes del amor que recibimos y para saber dar ese amor a todas las personas. Desde esta perspectiva de Humanidad Compartida, cultivamos también el amor hacia nosotros mismos, conscientes de la vulnerabilidad y necesidad de afecto de todos los seres humanos. Buena práctica…

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