Dicen los expertos que las terceras parejas son las más acertadas. En líneas generales, las primeras suelen ser –aunque no siempre– la réplica de la relación de nuestros padres. Si somos el chico y nuestro padre era sumiso, es más que posible que nos atraiga una mujer con carácter y “dirigente”, aunque nos haya fastidiado ver a nuestro padre tan entregado. Si somos la chica, por ejemplo, querremos dominar la situación…
No hay verdades absolutas y, aunque no siempre se emula al mismo género, es cierto que los patrones se forman en la infancia. El amor nace y se despliega desde las historias que heredamos. Cada vez que damos vida a una nueva relación, llevamos en el cuerpo y en la mente las estrategias afectivas que aprendimos en nuestra familia de origen –sus silencios, sus exigencias de aprobación, sus modos de arreglar o evitar el conflicto– y, muchas veces, reproducimos sin querer conductas que nos dolieron.
Ese “software emocional oculto” puede parecer amor, pero no siempre lo es. Son expectativas internalizadas, miedo al rechazo y sobrecompensaciones por lo que no recibimos de niños. Este legado influye profundamente en cómo nos vinculamos, cómo gestionamos nuestros límites, y en qué momento el estrés relacional ya no nos habla de la pareja… sino de lo que aún no hemos resuelto dentro de nosotros.
Comprender esto a fondo, supone el punto de partida para empezar a recuperar nuestra responsabilidad: reconocer que no solo elegimos a nuestra pareja, sino que traemos un mapa emocional cargado de experiencias pasadas que dan forma a nuestra percepción del amor. Y aunque podemos sentir que el amor es difícil porque “siempre termina igual”, a menudo lo que está realmente en juego es el mismo patrón que vino antes –ese miedo a que nos riñan, a ser abandonado, a no ser suficiente– que se repite porque hay una herida abierta.
Nuestras reacciones, nuestras ansiedades y nuestros mecanismos de defensa son parte de un sistema emocional interdependiente que ha operado generación tras generación. Por eso, amar con plenitud –y con menos estrés– no es solo elegir mejor a la pareja, sino aprender a diferenciarse de esos viejos guiones emocionales, a sostener lo propio sin perder contacto con lo que importa y a construir un vínculo que nos desafíe a crecer, no a repetir.
De cara al día de los “enamorados” comercial (en el que casi todos hemos sucumbido alguna vez), pregúntate: ¿qué conductas estoy repitiendo de mis padres que no me gustaban? ¿Soy consciente?
El individuo no puede entenderse aisladamente sin entender su contexto familiar y relacional.
Cita del libro “La terapia familiar en la práctica clínica” de Murray Bowen, 2016.
Ilustración de Eiler Krag para “An Abz of Love”, de David Hegeler. Inge & Sten; Krag (autores).
Sugerencia: Meditación n. 19: “Meditación de amor y de energía vital”
Esta meditación comienza por dar y traernos amor y compasión hacia nosotros y hacia los demás, como una forma de abrir un espacio de seguridad para ayudarnos a conectar con nuestra energía vital. Déjate llevar con apertura, curiosidad y sin juicio, sin intentar cambiar nada de lo que estés experimentando, ni juzgar lo que vaya apareciendo. Es regeneradora y muy potente para activar nuestro sistema inmunológico, como antídoto a los estragos del estrés. Buena práctica…