REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Si de repente pierdes el control, no eres tú, es tu cuerpo en reacción…

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Cuando te aceleras antes de hablar en público, cuando sientes un nudo en el estómago por una difícil conversación pendiente o cuando una simple no-respuesta en WhatsApp te activa un tumulto interno, no es debilidad ni inmadurez emocional, es tu biología que se ha puesto en acción.

Tu organismo no distingue bien entre una amenaza social y una amenaza real. Para tu cuerpo, el rechazo duele, la incertidumbre inquieta y la crítica activa el estado de alarma. Y esa alarma se enciende en milisegundos, mucho antes de que tu parte reflexiva tenga tiempo de intervenir y razonar.

El estrés empieza en el cuerpo: primero se altera la respiración, se tensan los músculos, cambia el ritmo cardíaco, se estrecha la atención. Después llega el pensamiento intentando explicarlo todo: “Esto va a salir mal”, “No soy suficiente”, “Van a juzgarme”. Creemos que pensamos y luego sentimos, pero muchas veces sentimos y luego pensamos. La mente construye una historia coherente con el estado fisiológico que ya está ocurriendo. Si el cuerpo está activado, la mente buscará razones para justificar esa activación. Y ahí es donde nos fusionamos (nos creemos a pies juntillas) la historia, convencidos de que el problema es lo que pensamos, cuando en realidad el primer movimiento fue corporal.

Aquí está lo práctico, no luches contra lo que estás pensando y aprende a regular tu fisiología. Respira más lento de lo habitual durante unos minutos. Expande la mirada y orienta tu consciencia hacia el entorno. Relaja deliberadamente la mandíbula y los hombros. Mueve el cuerpo con ritmo lento. Cuando cambias el estado corporal, cambia la interpretación mental. No es magia ni autoengaño. Es neurobiología básica: el cerebro está leyendo continuamente señales del cuerpo para decidir si el mundo es seguro o peligroso. Si envías señales de seguridad, la mente reduce la narrativa de amenaza. ¿Quién estaría respirando lentamente con un león delante? Nadie…

El verdadero problema no es que tu sistema se active, es que no siempre sabemos cómo desactivarlo. Nuestro organismo está preparado para entrar en alerta ante el peligro y, cuando desaparece ese peligro, volver a la calma. Pero en la vida actual no hay un león al que sobrevivir y, una vez pasada la amenaza, después descansar. Hay correos, expectativas, comparaciones y exigencias internas repetitivas y continuadas. Si no aprendemos a calmar el ciclo fisiológico del estrés, la activación se cronificará y acabaremos creyendo que esa tensión es “nuestra personalidad”. No eres una persona ansiosa en esencia, simplemente estás activándote de manera sostenida por las circunstancias que no paran de presentarse en tu vida diaria.

Entender esto cambia tu conversación interna. Dejas de luchar contra ti y empiezas a escucharte. Y cuando pasas de la lucha a la regulación, tu sistema nervioso aprende algo nuevo: que no todo es amenaza.   

Los sentimientos son la experiencia mental de los estados del cuerpo.

Cita de Antonio Damasio, El error de Descartes (1994), Editorial Crítica.

Ilustración de Bobby Baker para Diary Drawings Mental Illness and Me, de 2010.

Sugerencia: Meditación nº 1: “Meditación de la Respiración”. La respiración es el ancla más sencilla y a la vez más poderosa en la práctica de mindfulness. Está siempre disponible, no requiere nada externo y nos conecta con el momento presente de forma directa. Activa el sistema nervioso parasimpático, regulando el estrés y favoreciendo estados de calma y claridad mental. Buena práctica…

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