REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Si buscas más equilibrio mental, mueve el cuerpo…

Ayer fue el Día Mundial de la Salud Mental. No se hace suficiente prevención para evitar los estragos de los que es capaz nuestra mente si la dejamos a sus anchas. Toda psicoeducación es poca para comprender cómo funciona y aprender a mantenerla en equilibrio. Todo el que entra en Psyke sale con lo que yo llamo “herramientas para la vida” y animo siempre a mis alumnos a transmitir lo que aprenden para mejorar también el bienestar de las personas que tienen cerca.

Hay muchas formas de no quedar atrapados en ese runrún interior. Pero si no aprendemos a tomar distancia de las historias que nos contamos, estamos vendidos. Fijaos: cuando no estamos bien, solemos sentarnos a pensar. Nos preguntamos por qué estamos ansiosos, por qué estamos tristes, por qué algo nos ha sentado tan mal. Y le damos una vuelta y otra, como si pudiéramos pensar hasta salir del pensamiento. La mayoría de las veces, para cambiar tu estado mental no necesitas otro razonamiento. Necesitas moverte.

Nos hemos acostumbrado a separar cuerpo y mente como si fueran dos habitaciones distintas. Vamos al gimnasio para cuidar uno y a terapia o a meditación para cuidar la otra. Pero esa división es artificial. Lo que llamamos “yo” abarca todo el sistema. La respiración modifica cómo te sientes. La postura influye en cómo afrontas el entorno. Caminar regula tu nivel de activación. Bailar, estirarte, cargar peso o intentar mantener el equilibrio exige atención, percepción y adaptación. En el movimiento, cuerpo y mente vuelven a encontrarse.

Cuando mi cabeza me juega una mala pasada y amenaza con engancharme en sus lamentos, lo primero que hago es “quitarme de en medio”. Pongo música, bajo a caminar al río, salto, bailo… cualquier cosa que saque mi atención del bucle y la devuelva al cuerpo. El error está en creer que movernos es una actividad que empieza cuando nos ponemos unas zapatillas deportivas y termina una hora después. Estamos hechos para movernos durante todo el día. Siéntate en el suelo y vuelve a levantarte. Sube escaleras. Cambia de postura. Baila mientras haces cualquier cosa. No todo tiene que servir para quemar calorías, adelgazar o conseguir músculo. Moverte sirve para despejarte por dentro.

Y hacerlo intencionadamente es muy mindful. No puedes estar realmente atento a tu cuerpo desde la teoría. Tienes que sentirlo. ¿Dónde apoyas el peso? ¿Dónde aparece la tensión? ¿Qué sucede cuando pierdes el equilibrio? El cuerpo te devuelve al presente de una manera implacable. Puedes pasar horas atrapado en una historia, pero resulta bastante más difícil seguir dándole vueltas mientras intentas mantenerte sobre un pie. El movimiento puede convertirse así en una meditación sin cojín: atención, curiosidad, adaptación y presencia.

Así que la próxima vez que detectes que tu cabeza lleva demasiado tiempo encerrada dentro de sí misma, muévete y abre espacio. Después vuelve a pensar en aquello que te preocupaba. El problema seguramente seguirá ahí, pero tú estarás de otra manera. Pruébalo y verás. Los efectos son inmediatos…

Para mí, el movimiento es lo que conecta todo.

Cita de Ido Portal, del pódcast Huberman Lab: “The Science & Practice of Movement”, junio de 2022.

Ilustración del artista Maurice Sendak para I’ll Be You and You Be Me, de Ruth Krauss, 1954.

Sugerencia: Ante la niebla mental, ponte tu música favorita y empieza a bailar, poniendo toda la atención en tu cuerpo. Notarás la diferencia. Buena práctica…