REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

La vida te puede romper, y en medio de lo roto puede seguir entrando vida…

No podemos tenerlo todo bajo nuestro control. Por mucho que planifiquemos y organicemos, la realidad siempre va a llevarnos la delantera. Cuando todo parece ir a velocidad de crucero, de pronto, ¡zas!, llega un temido imprevisto que nos saca del carril de la estabilidad. Aunque no nos ocurriera ninguna gran desgracia, que ya es una tremenda suerte, la muerte nos va a alcanzar a todos. Hay realidades que ninguna planificación puede evitar.

La aceptación radical empieza por abordar lo más difícil: esto está ocurriendo, y yo no quiero. Cuánto desgasta repetir “esto no debería estar pasándome”, cuando ya está pasando. Podemos empezar por reconocerlo, aunque sigamos protestando. ¿Y ahora qué? Podemos reconocer el cabreo, seguro que muy justificado, y en paralelo preguntarnos qué necesita de mí esta situación. No hace falta esperar a que se nos pase para dar un primer paso.

¿Por qué necesitamos que algo nos falte para darnos cuenta de cuánto nos importaba? Es una invitación: levántate cada mañana reconociendo lo que hoy sí tienes. Una persona querida, un rato de calma, este cuerpo que, con sus achaques, sigue acompañándote. A veces estamos tan absorbidos por lo que se ha torcido que todo lo demás desaparece de nuestra vista. Y, sin embargo, sigue ahí.

Aceptar no es tolerar lo intolerable. Podemos aprender a poner un límite, pedir ayuda o cambiar lo que esté en nuestras manos. Pero cuando algo no tiene solución, como la pérdida de un ser querido, aceptar incluye permitirnos el duelo, el enfado, la incredulidad e incluso esos días en los que no queremos aceptar absolutamente nada. Bastante tenemos con lo que nos duele como para encima exigirnos que nos duela de manera inteligente.

Una mujer me contó que perdió a su pareja después de treinta años de relación y sigue poniendo dos tazas en el desayuno por inercia. Cuando se da cuenta, se le encoge el corazón. Un día, tomando un café con una amiga, algo le hizo reír a carcajadas y enseguida apareció la culpa: ¿cómo puedo estar riéndome? La aceptación también incluye permitirse esa risa. Puede echarle profundamente de menos y, a la vez, disfrutar de esa conversación. Su amor no se mide por las horas que pasa sufriendo. Hay un lugar para ella en la vida, aunque ahora le cueste encontrarlo.

Por eso, cuando la vida te golpee, reconoce “esto me duele” y pregúntate: ¿qué necesito ahora? A veces será llorar. Otras, llamar a alguien o salir a dar un paseo. Podemos acompañarnos con cariño y comprensión mientras atravesamos lo que jamás habríamos elegido. La vida te puede romper, sí. Y en medio de todo lo que se ha roto puede seguir entrando vida…

No podemos cambiar nada a menos que lo aceptemos. La condena no libera, oprime.

Cita de Carl Gustav Jung, en sus Obras completas, “Psychotherapists or the Clergy”, de 1932.

Ilustración de Pascal Lemaître para el libro titulado Listen, de la autora Holly M. McGhee, de 2019.

Sugerencia: Meditación n.º 8: “Suaviza, Conforta y Permite Espacio a las Emociones Difíciles”. Esta meditación sirve para gestionar y suavizar nuestras emociones: reconocerlas, aceptarlas y dejarles estar en nosotros. Sin intentar reprimirlas ni controlarlas. En situaciones en las que nos resistimos a lo que está ocurriendo y que no nos gusta, puede ayudarnos a mantenernos amorosamente conectadas con nosotras mismas, a pesar del tumulto interno que estemos sufriendo. Buena práctica…