Nos vamos a acompañar durante toda la vida cada día, hora, minuto y segundo. Estemos con quienes estemos, desayunamos, comemos y cenamos diariamente con nosotros mismos, nos acostamos cada noche con nosotros mismos…vamos al cine, cocinamos, caminamos, reímos, lloramos, nos desesperamos y nos levantamos cada mañana encontrándonos con nosotros mismos en la misma cama.
Así planteado, nuestra misión más urgente es conocernos en profundidad y aprender a aceptarnos y amarnos incondicionalmente. El amor sin requisitos es difícil de conseguir en este mundo tan competitivo, pero no imposible. Aprender a ser nuestros mejores amigos requiere constancia (cultivando creativamente el arte de priorizarnos poniendo límites necesarios) y consciencia (para “pillarnos” cuando nos estamos exigiendo y maltratando). Es un trabajo “sinfín” que dura toda la vida.
El procedimiento es al revés de lo que nos han enseñado: “me trato tan bien como trato a los demás”. Lo contrario es el descuido personal y lo que ha generado tantas depresiones.
¿Qué haría tu mejor amiga si te ve sufriendo, decaída o confusa? Sacarte a pasear, no permitir que te maltrates comiendo o bebiendo o fumando de más. Consolarte y ayudarte a sentirte “menos mal”, porque la mayoría de veces “sentirte bien” es imposible. Es la viva imagen de esa expresión tan acertada de Joan Halifax, experta en autocompasión: “corazón blando y espalda fuerte”. Es decir, en mi corazón siento terriblemente lo que te está pasando, pero voy a sostenerte desde mi parte más fuerte para que no caigas y te hagas más daño. A medida que ponemos este “cultivo” en práctica, una y otra vez, vamos forjando dentro de nosotros el amor, respeto y cariño hacia nosotros mismos, sin autoengaños ni complacencias. Sabiendo que tenemos potencial para ser nuestra mejor versión y sabiendo también que necesitamos a veces tomar un respiro, descansar y mimarnos en el camino -muchas veces tortuoso- de nuestras vidas.
En este sentido “quererse” no significa protegernos en una fortaleza de “soy como soy y me gusta ser así”, eso es narcisismo y ya sabemos lo que le paso al pobre Narciso. Es más bien “ya soy suficiente como soy”, y desde esta aceptación de mí, abro ojos serenos hacia aquello que me puede estimular en mi crecimiento personal, sin correr los cien metros lisos para posicionarme en un pedestal ya que beber de la admiración externa no sirve.
La respuesta viene desde dentro: cuando nos respetamos enteramente, nos sabemos acompañar con cariño y ternura en los altibajos inevitables de la vida, reconociendo nuestros errores y aprendiendo de ellos con amorosidad y mucha paciencia (pues a veces caemos justo en el mismo sitio), descubrimos que podemos ser nuestra mejor compañía. Si solo queremmos “mejorarnos” para gustar más a los demás, estamos empezando la casa por el tejado…
De esta forma, nos blindamos de las criticas externas porque nos hemos “curado” con anterioridad de nuestras propias críticas autoexigentes que son mucho más despiadadas. Así, la viñeta que ilustra este artículo cobra sentido “No hace falta que me incluyáis o queráis para sentirme plena, ya lo he conseguido yo sola”. Si nos quieren, genial, pues necesitamos a los demás para nuestra propia salud. Pero si nos dan de lado, podremos recurrir a nuestra mejor compañía. El desprecio nos dolerá, pero no nos romperá.
Conclusión: aprender a quererse “es” el cometido más importante de nuestra vida…
«En lugar de depender de la relación con los demás para satisfacer todas nuestra necesidades de amor, aceptación y seguridad, podríamos aprender a proporcionarnos estos sentimientos a nosotros mismos. Lo que significaría tener todavía más capacidad dentro de nuestro corazón para dar a los demás sin quedarnos vacíos. –Kristin Neff
Viñeta de los humoristas españoles Ángel y Francisco Javier Rodríguez Idígoras, más conocidos como Idígoras y Pachi…