REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

La dependencia emocional NO es amor. Y punto.

Siendo hoy el día que es, no podía dejar pasar la oportunidad de escribir sobre el amor.
Y elijo una perspectiva contraria a la habitualmente caramelizada de “San Valentín”: la
dependencia emocional, una adicción que hay que tratar como tal porque si no, no
podremos comprender ni ayudar bien a la persona adicta.
Hay mucha confusión sobre este término y quiero ser contundente, por los estragos
psicológicos que causa a las personas que se someten a este tipo de relaciones tan
dañinas.
Clarifiquemos escuetamente: la relación de dependencia amorosa es vertical, va de
arriba abajo.
La persona que domina se suele sobrevalorar, y suele tener una personalidad
narcisista. En la mayoría de casos posee habilidades sociales con cierto encanto
personal y muestra poca empatía hacia el sufrimiento de la persona a la que
somete y controla.
La persona dominada, por el contrario, tiene baja autoestima (que empeora
todavía más en este tipo de relaciones), terror a la soledad y sensación de vacío
si la pareja no le hace el suficiente caso. Estas características producen en su
interior una intranquilidad ansiosa que genera conductas de urgencia por saber
de la pareja. Suelen estar siempre pendientes del móvil. Se enfadan cuando no
reciben noticias (incluso intentan romper) y se alivian cuando reciben la más
mínima señal y se “re-enamoran” (o eso creen).
Cuando se inician este tipo de relaciones la ceguera de lo que subyace es absoluta.
Parece que es la pareja ideal, tanto por parte de la persona dominante, como por la
que paulatinamente se volverá sumisa (sin darse ni cuenta). Cuando la toxicidad se
expresa en todo su esplendor, la persona dependiente empieza a mostrarse

“necesitada” de contacto, poniendo a la dominante en una postura de superioridad
desde la que puede decirle y hacerle las mayores barbaridades porque ya percibe que
la tiene “enganchada”. En cuanto la dependiente (infravalorada y con la autoestima
por los suelos) empieza a querer controlar dónde está y con quién (por miedo a la
pérdida) la dominante se agobia por tener que estar reportándole continuamente
todo.
Se acaba de juntar el hambre con las ganas de comer, en un círculo vicioso.
Solo se puede salir de este tipo de relaciones como se sale de cualquier adicción: con
incomunicación absoluta. La persona dependiente pasará por el síndrome de
abstinencia y necesitará mucho apoyo y amor de las personas cercanas que la quieren
que, por desgracia, no suelen comprender cómo una persona válida puede acabar en
manos de otra que la maltrate de esa manera.
Es la carencia amorosa hacia sí lo que les lleva a buscar llenar el agujero de la peor
manera posible. Para poder salir, como siempre, hay que darse cuenta de que se está
en la dependencia, aceptarlo sin machacarse, averiguar cómo y por qué se ha podido
vincular de esta manera (psicoterapia especializada), y aprender a quererse
plenamente sobre todo porque descubrirlo genera un sufrimiento terrible que hay que
saber consolar y suavizar con auto-compasión.

“Depender de una persona que solo se ama a sí mismo es una forma de enterrarse en
vida, un acto de automutilación psicológica donde se ofende y se regala
irracionalmente el amor propio, el respeto propio y la esencia de uno mismo”.
Extracto del libro “Guía práctica para vencer la dependencia emocional.: 13 pasos para
amar con independencia y libertad” del psicólogo Walter Riso.

Ilustración de Oliver Tallec para This is a Poem that Heals Fish de Jean-Pierre Simeón

Sugerencia: “Meditación Cultivando la Auto-Compasión” en www.psyke.es. Esta
meditación nos posibilita aprender a querernos de verdad. Muchas personas creen
que ya se quieren, pero es una creencia intelectual. Hay que aprender a quererse
desde las tripas, sobre todo cuando nos hemos equivocado y estamos sufriendo. Al
practicar diariamente la auto-compasión, vamos sembrando las semillas que
germinarán, paulatinamente, en nuestro corazón. Buena práctica…

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