REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

“No apartes los ojos. Mantén tu mirada sobre la herida vendada. Por ahí entra la luz.” – Rumi

Según el psiquiatra americano John Pierrakos, hay cinco heridas de difícil aceptación: el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia. Son heridas que nos duele sentir y, por tanto, solemos ocultar a los demás a base de mucho esfuerzo personal. Por eso, en cuanto sucede algo que activa alguna de ellas, respondemos automática y reactivamente acusando a los demás de producirnos ese dolor, para no asumir nuestra parte de responsabilidad (porque la ignoramos o nos duele demasiado).

Cuánto más duele la herida, más fuerte y rápida es la reacción.

En los cursos de Psyke denominamos estas heridas “llagas”, que son como botones internos ocultos que hacen que saltemos desproporcionadamente en cuanto alguien los toca. Es justo esa reacción desmedida la que delata que somos nosotros -como portadores- los que hemos ocasionado el estallido.


Es difícil asumir nuestros “botones” si no somos capaces de indagar dentro de nosotros mismos con el coraje y la humildad necesaria para descubrirlos.
Generalmente ocurre todo lo contrario: en cuanto nos disparamos nos defendemos tanto frente al otro que acabamos depositando en el otro todo el peso de la culpa, volviendo a ocultar la herida y, por tanto, perdiendo una preciosa oportunidad de sanarnos.

Darnos cuenta, pues, es siempre el primer paso imprescindible en el que la práctica meditativa de Mindfulness adquiere un papel fundamental.

¿Cómo vamos a tratar una herida si no sabemos que existe?

El segundo paso es aceptar el hallazgo con amabilidad y ternura porque no lo hemos encargado a propósito. Esas llagas han podido producirse por multitud de circunstancias, muchas de ellas ni siquiera provienen de nuestro entorno próximo, sino de nuestra historia de vida y nuestra evolución y necesidad de supervivencia. El difícil paso de aceptación radical requiere poder mirar el dolor de cerca -con apertura y curiosidad- el tiempo suficiente para poder saber qué nos está diciendo sobre cómo somos, y qué podemos aprender de nosotros mismos en esa investigación reflexiva.

Del dolor se sale entrando en el dolor, soltando la resistencia a ese dolor, dándole espacio para poder observarlo con mayor distancia y ligereza.

¡Cuánto podemos aprender si en lugar de virar la mirada, la mantenemos ahí con valentía!

Volvemos a Rumi, un sabio y poeta sufí del S.XIII, que siempre nos ilumina con su inmensa clarividencia…

“El ser humano es como una casa de huéspedes.
Cada mañana, llega un nuevo inquilino.
Una alegría, una tristeza, una maldad,
que viene como un visitante inesperado.
¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Aun si son un coro de penurias que vacían tu casa violentamente.
Trata a cada huésped honorablemente,
él puede estar creándote el espacio para alguna delicia.
El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia,
recíbelos en la puerta sonriendo
e invítalos a entrar.
Agradece a quien quiera que venga,
porque cada uno ha sido enviado
como un guía de muy lejos”.

“La casa de huéspedes” –Rumi
Ilustración de Kate Horan para “Literary Witches”, de Taisia Kitaiskaia

Meditación recomendada: Nº 20 «Meditación del SÍ».

Meditación preparada para iluminar nuestras formas habituales de resistir o querer controlar la experiencia, cultivando la capacidad de presenciar la vida sin condiciones, dispuestos a acogerla tal como es, con valentía, humildad y honestidad. Buena práctica…

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