REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Nos rendimos a la obediencia, y nos hemos olvidado de la consciencia…

La palabra inventada que mejor lo define quizás sea esta: “borreguismo”. No pretende ser un insulto, sino un diagnóstico que describe una especie de anestesia colectiva en la que una persona deja de preguntarse si algo está bien o mal, y solo se cuestiona si le conviene más callar.

Estamos viendo —en demasiados lugares— cómo, ante situaciones claramente injustas, crueles o incluso aberrantes, pulula un ejército de obedientes. Personas que no necesariamente están de acuerdo, pero que tampoco se atreven a disentir. Bajan la mirada, asienten, firman, ejecutan, repiten consignas, sonríen por prudencia y obedecen por miedo. No sea que sobresalgan y las señalen o pierdan su puesto, su lugar, su comodidad o su pertenencia.

Todo lo peligroso se inicia con pequeñas renuncias. Hoy no digo nada, que no vale la pena. Mañana miro hacia otro lado. Pasado mañana justifico lo injustificable. Y un día descubro que ya no pienso por mí misma, sino que he delegado mi consciencia en la autoridad de turno, en el grupo, en la familia, en la empresa, en el partido, en la pareja o en quien mande en mi entorno en ese momento.

Si nadie contradice al tirano, el tirano será cada vez más tirano. Y, si nadie se atreve a cuestionar la dinámica, el sumiso será cada vez más sumiso. Esto sirve para cualquier sistema humano donde hay jerarquías. Porque allí donde una persona manda sin límite y las demás obedecen sin consciencia, la relación acaba enfermando por adaptación.

La obediencia no siempre es mala. Gracias a ella podemos organizarnos, convivir, respetar normas y cooperar. El problema aparece cuando la obediencia sustituye al criterio. Cuando ser “buena persona”, “buen empleado”, “buena hija”, “buena pareja” o “buena ciudadana” significa dejar de pensar y se acaba confundiendo paz con sometimiento. Cuando creemos que evitar el conflicto es lo mismo que actuar con integridad, empieza el declive.

¿Dónde ha ido a parar el espíritu crítico? Quizás está solo encogido porque está aterrorizado. Porque pensar por uno mismo supone aceptar que puedes quedarte aislado, que no te aplaudan o que pierdas aprobación. Desde luego, es incómodo, pero achicarte también lo es.

Por eso comprender a fondo lo que verdaderamente promueve Mindfulness es tan importante. Significa “darte cuenta”, ampliar la consciencia y abrir los ojos bien grandes. Aceptar radicalmente lo que no puedes cambiar —eso está claro—, pero luchar con coraje si hay alguna posibilidad de cambio. Es recuperar un íntimo espacio interior donde todavía puedes preguntarte: “¿Esto coincide con mis valores? ¿Estoy actuando desde la consciencia o desde el pánico a ser excluido?”. Vivir conscientemente te ayuda a salir del rebaño…

La influencia más peligrosa no es la que nos obliga por la fuerza, sino la que consigue que dejemos de preguntarnos si deberíamos obedecer.

Cita de Stephan Martin, educador experto en consciencia, para su libro Living a Cosmic Life, de 2018.

Ilustración de Sophie Blackall para su libro Missed Connections: Love, Lost & Found, de 2011.

Sugerencia: Meditación n.º 4: “Aquí y Ahora: Mente-Cuerpo-Mundo”. Esta meditación nos ayuda a volver al cuerpo, a la presencia y a esa claridad básica desde la que podemos distinguir cuándo estamos actuando desde la consciencia y cuándo simplemente estamos siguiendo la corriente. Buena práctica…

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