REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Tú mereces recibir el cuidado y el cariño que ofreces…

Hay una persona que te habla todos los días, desde que abres los ojos hasta que te metes en la cama. Sabe la de veces que te sientes insegura, te recuerda tus errores y sabe, con una precisión exacta, qué es lo que más te duele. Esa persona eres tú. La persona más importante de tu vida. Y como repito tantas veces en clase: si tú te cuidas y te tratas con cariño, también podrás cuidar y tratar mejor a quienes te rodean. En esta octava edición del Retiro de Autocompasión para mujeres hemos hecho hincapié en reconocer que mereces recibir ese cuidado que ofreces y, si por lo que sea, no te lo dan los demás, aprende a dártelo tú misma.

Es posible que tengas una paciencia infinita para escuchar a una amiga, pero cuando te toca escucharte a ti, a los treinta segundos ya te estás machacando: “Otra vez igual”, “A tu edad deberías haber aprendido”, “Parezco tonta” y otras lindezas peores que omito. Si alguien nos acompañara todo el día haciéndonos este tipo de comentarios, nos lo quitaríamos de encima de inmediato. ¿Por qué, entonces, nos soltamos tanta reprimenda?

Si te acostumbras a descalificarte, a quitar importancia a lo que necesitas o a exigirte más de lo que puedes dar, no vas a reconocer cuándo alguien está haciendo lo mismo contigo. No significa que tú provoques que te falten al respeto. Es porque estás tolerando algo que se parece demasiado al trato que tú misma te das. Lo familiar pasa inadvertido y lo acabamos normalizando, aunque nos haga daño. Pero si no cambias tu perspectiva, todo seguirá igual…

¿Qué hacer? Primero, darte cuenta. Pon curiosidad y píllate hablándote mal. Solo toma nota con cariño hacia ti misma. Vienes haciéndolo años, no pretendas erradicarlo en segundos. Y pon especial atención la próxima vez que algo te salga mal. Párate un momento y date cuenta de la frase que aparece en tu interior y pregúntate: ¿le hablaría así a alguien a quien quiero? Después busca palabras que sean honestas y, a la vez, amorosas: “Esto no ha salido como esperaba. Lo estoy pasando mal. ¿Qué puedo hacer ahora para ayudarme?”. No se trata de pasar de “soy un desastre” a “soy maravillosa”. Basta con dejar de atacarte mientras intentas resolver lo que ha ocurrido. Ya tienes bastante con la dificultad como para ponerte también en contra de ti misma.

Esto requiere un cambio grande de criterio. Igual piensas que si dejas de reñirte te relajarás y no serás eficiente. Eso no es lo que dice la ciencia. Descubrirás que tratarte con cariño, sobre todo cuando estás sufriendo, es el remedio más potente que existe para no explotar. No necesitas estar al borde del colapso para descansar, ni justificar con un argumentario convincente por qué algo te ha dolido. Y desde luego, tampoco hacerlo todo bien para tratarte con respeto. Puedes reconocer un error, pedir perdón y reparar lo que hayas hecho sin convertirte en tu propio saco de boxeo. El insulto solo añade dolor innecesario y hace más difícil volverte a poner en marcha.

A veces cuidarte será descansar; otras, mantener una conversación incómoda que llevas meses evitando. La pregunta que has de hacerte es sencilla: ¿Qué necesito ahora y cómo puedo responder a esa necesidad con respeto hacia mí y hacia los demás?

Los hábitos cambian con pequeños actos repetidos. No tienes que reconstruir hoy mismo toda tu relación contigo. Empieza por no abandonarte justo cuando más te necesitas.

Estás bien. Podemos con esto. Puedes relajarte. Estoy aquí contigo…

Cita de Martha Beck, de su libro Beyond Anxiety: Curiosity, Creativity, and Finding Your Life’s Purpose, 2025. Beck propone dirigirse esas palabras cuando lo estamos pasando mal por algo que nos está sobrepasando.

Fotografías de la 8.ª edición del Retiro de Autocompasión. Monasterio Santo Espíritu. Gilet, 2026.

Sugerencia: Meditación n.º 11: “Cultivando la Autocompasión”. Nos ayuda a aprender a traernos calidez y amorosidad hacia nosotros mismos. Cuando se aplica con honestidad hacia uno mismo, produce una presencia conectada y amorosa, que amortigua los estados anímicos negativos y ensalza los positivos. Buena práctica…