REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

“si sé lo que voy a encontrar, no lo quiero buscar. La incertidumbre es la sal de la vida”. –Erwin Chargaff

¿De dónde nacen las ideas? Si nos fijamos, nuestras ideas casi nunca son nuestras. Nos han entrado a través de fuentes externas, de libros, periódicos y conversaciones y, muchas veces, las integramos pasivamente, sin reflexión. Una idea verdaderamente original es difícil y rara. “Original” no quiere decir necesariamente “diferente”, sino lo que uno crea desde sus propios recursos internos, coincida esto o no con algo creado previamente por otras personas.

El sábado, en un taller en Psyke decíamos “si queremos ser verdaderamente originales, solo hemos de ser auténtica y honestamente nosotros mismos”, porque no hay dos personas iguales. El problema es que nos vamos adaptando tanto a lo socialmente correcto, a lo establecido y –lo que es peor- a lo que los demás esperan de nosotros, que acabamos amoldándonos sin apenas darnos cuenta, entrando en una vida condicionada, mecánica y repetitiva. Cuando nos hacemos mayores, especialmente, desarrollamos una resistencia pasiva al cambio, y preferimos profundizar los antiguos surcos en lugar de buscar una nueva trayectoria.

Esta mente es “inconsciente”: hace lo que hace sin tener verdadero conocimiento de lo que está haciendo. Los dominados por este tipo de mente duermen mientras transcurre su vida: dormidos comen, beben, hablan, trabajan, juegan, votan, leen libros y hasta hacen el amor …

Por eso es tan impactante para muchos de los participantes en los cursos de Mindfulness reencontrarse con su “mente de principiante” y descubrir nuevas posibilidades. Apertura y curiosidad son cualidades absolutamente necesarias para conectar con nuestra mente “creativa” que incita a la exploración y experimentación con actitud de asombro, fuente de la generación espontánea de nuevas y originales ideas. El asunto es que a muchas personas -a demasiadas- les da miedo. Y de ahí nuestro sistema educativo que constriñe y compartimenta el conocimiento, impidiendo tantas veces la explosión creativa que genera todo tipo de avances.

Todos nacemos con esa mente curiosa porque necesitamos explorar lo desconocido. Según el célebre psicoanalista Erik Erikson, desde los 18 meses hasta los 3 años desarrollamos la autonomía y la sensación de control. Para los padres constituye un difícil equilibrio: dejar que el niño tome sus propias decisiones por su necesidad de explorar y descubrir el mundo, y establecer a su vez un marco de seguridad que lo limita. Si el niño ve que puede explorar y coger rabietas sin que su cuidador le niegue su amor, desarrollará una curiosidad sana que le generará turbación ante un error o timidez ante desconocidos. Una libertad regulada es imprescindible para equilibrar y delimitar su autonomía y ayudarle a saber que no es omnipotente.

En la edad adulta, sin embargo, tendemos a perder esta necesidad de descubrir y explorar el mundo con curiosidad. Y, sin embargo, es justamente lo que mantiene encendida la llama del entusiasmo por la vida y nos aleja de la apatía y la renuncia a abrirnos a nuevas posibilidades desconocidas.
Topamos de nuevo con la incertidumbre, que tanto asusta.
Y es que la mente creativa (al contrario de la mente inconsciente) es profunda y radicalmente optimista, capaz de persistir ante estímulos desagradables aun ante condiciones desfavorables para el optimismo.

Cuando meditamos estamos siendo creativos: al principio observamos una mezcla de pensamientos descontrolados que nos arrastran. A medida que vamos meditando más metódicamente se va produciendo una corriente de pensamientos y estados mentales más útiles y sanos. Estamos creando, y sosteniendo existencialmente, algo positivo, saludable y valioso para nuestro estar en la vida.

La gracia se instala en nosotros cuando descubrimos (como si fuera una aparición) que estamos meditando ininterrumpidamente, no solo sentados sobre el cojín de meditación, sino en nuestra vida diaria, abiertos a la experiencia, dispuestos a explorar el mundo un día tras otro con ojos nuevos, como viajeros perpetuos….

“No olvides armarte con una libreta de notas
y el lápiz que pacientemente domaste
en tus largos ratos de ocio;
los necesitarás en las horas vacías.

Lleva la picadura del valor
para que resuelvas las eternas noches de insomnio
y ahuyentes el miedo.

¡Y la piel! ¡ay, la piel!
cúbrete bien
las nevadas son fuertes
y el verano es muy corto
ni te darás cuenta cuando pase.

En esos terrenos nórdicos
sólo tu coraje te salvará del naufragio.
Échate encima toda la alegría del mundo
y nunca bañes con sangre el sueño de los pájaros.

Sigue tu viaje sin prisas ni descanso
hasta que puedas sentirte como el río,
conocedora absoluta de despeñaderos y praderas”.

“Consejos para viajeras” de Consuelo Hernández
Ilustración de Soyeon Kim para el libro “Wild Ideas” de Elin Kelsey
Sugerencia: Meditación nº 09 “La rueda de la conciencia” en www.psyke.es en AUDIOS. Simboliza una metáfora que representa la conciencia plena. El borde externo de la rueda constituye todo lo que somos capaces de percibir y traer a la conciencia, deliberadamente, con apertura y curiosidad…