REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Debemos ayudar a los niños a no perder nunca su capacidad de asombro…

Ilustración de Oliver Tallec para “What if…” de Thierry Lenain.

El cerebro tiene un altísima capacidad neuroplástica, lo cual constituye a su vez una virtud y un defecto. Virtud: se adapta a lo que la vida nos presenta y nos ayuda a sobrevivir. Defecto: se adapta tanto a lo bueno como a lo malo. No se explicaría, sino, cómo hay personas que se adaptan y normalizan conductas como el maltrato e insulto permanentes. Y si les preguntas, dicen que es lo normal y que “ya se han acostumbrado”. Terrible…

Adaptarse a la belleza y al amor es igualmente terrible, aunque en otro nivel. Llega un momento en el que un paisaje espectacular, un plato delicioso o una música cautivadora pueden no conmocionarnos como las primeras veces que lo experimentamos. Y es normal. Lo novedoso y placentero sorprende por lo inesperado, en un mundo en el que a la mayoría de este lado del planeta no nos falta nada y nos sobra mucho. 

Cuando la vida transcurre en la rutina sin grandes desajustes, junto al tedio aparecen los anhelos de algo “diferente” que nos estimule. Es un engaño de la mente que se aburre y necesita movimiento para hacernos sentir vivos. Por eso se ofrecen cada vez más actividades “novedosas” de todo tipo que recrean situaciones de peligro ficticias (algunas horrendas) para sacudir emocionalmente al personal.

Los adultos hemos de re-aprender a posicionarnos en la “mente del principiante” con la que todos nacemos y mirar las cosas como si nunca las hubiéramos visto. Justo lo que hacen los niños cuando empiezan a explorar su entorno y se encuentran con algo que desconocen: o sea todo. Desde un guisante, hasta un colador puede entretenerles horas, hasta que lo revisan lo suficiente como para poder dejarlo estar. Y no hablemos de los enchufes y las máquinas “prohibidas”, a las que no pueden acceder mientras están los cuidadores delante, lo que capta todavía más su atención. Todo este interés se va perdiendo con los años y es una verdadera lástima, pues deberíamos vivir la vida en constante asombro.

Fijémonos en nosotros mismos: qué fácilmente nos hemos acostumbrado a vivir en un piso sobre tierra firme obviando que ese piso está en realidad anclado a un globo terráqueo que da vueltas sobre su eje alrededor del sol. ¿En serio? Y que ese globo, gracias a la gravedad, sostiene las aguas de los océanos en su sitio y los edificios no se caen aunque estén boca abajo. En cuanto a cómo nos comunicamos también es un misterio para los que no somos ingenieros de telecomunicaciones (la mayoría). Nada de palomas mensajeras, ni de cables telefónicos, ahora todo va por el “aire”. ¿Cómo es posible escribir un texto en un móvil estando en Valencia y al segundo que lo reciban en otro aparatejo similar en Senegal?

Miremos el mundo con ojos nuevos cada mañana. No nos acostumbremos. Vivamos en el asombro…


«La capacidad de soportar una vida más o menos monótona debe adquirirse en la niñez. Los padres modernos tienen gran culpa a este respecto; proporcionan a sus hijos demasiadas diversiones pasivas, y no se dan cuenta de la importancia que tiene para un niño tener un día igual que el otro (…). Una vida llena de excitación es una vida agotadora, en a que se necesitan estímulos cada vez más fuertes para aumentar la emoción que se ha considerado parte esencial del placer. Una persona acostumbrada a demasiada excitación, es como una persona con demasiado antojo a la pimienta, al final se le anestesia el paladar y no saborea nada.»

Extracto del capítulo “Boredom and Excitement” del libro “The Conquest of Happiness”, de Bertrand Russell. Ilustración de Oliver Tallec para  “What if…” de Thierry Lenain.


Meditación recomendada N. 10 «La Rueda de la Consciencia».

Esta meditación sirve para darnos cuenta de todo lo que ocurre a  nuestro alrededor que nos pasa la mayor parte de veces inadvertido. Abrir nuestra percepción a la curiosidad y al asombro nos ayuda interesarnos por el mundo en el que vivimos. El único mundo que tenemos y la única vida que tenemos. Buena práctica…

,