REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

El insomnio, ese terrible mal…

insomnio

Dormir es una necesidad imperiosa para la salud de nuestro organismo: resetea tanto el cuerpo como el cerebro, limpiándolos de impurezas inservibles para dejar espacio a lo absolutamente necesario. Durante las recomendables 8 horas (7 necesarias) de “apagado total” -casi comatoso- se produce la ITV nocturna: regulación metabólica, la conservación de la energía, la consolidación de la memoria, la eliminación de sustancias de desecho y la activación del sistema inmunológico, entre otras funciones.

Dejamos la de los sueños para otro artículo…

La privación de sueño produce multitud de trastornos entre los que destaco aquí los conductuales: irritabilidad, ansiedad, hiperactividad, impulsividad o agresión, además de un impacto relevante sobre el estado de ánimo, pudiendo llegar a desarrollar un trastorno depresivo a largo plazo si se cronifica.

Dada esta evidencia, todos procuramos dormir, pero ¿qué pasa cuando no podemos?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el 40% de la población mundial duerme mal” y las cifras van en aumento. Existe todo un movimiento denominado “higiene del sueño” (fácilmente asequible en internet) que pocas personas cumplen por comodidad, a pesar de que su salud física y psíquica está en juego.

Esta reflexión va dedicada a quienes sí las cumplen, pero aun así no pueden conciliar el sueño y se llegan a desesperar tanto que acaban convirtiendo el trayecto hacia la cama en una pesadilla. Tienen miedo a que caiga la noche por la soledad que genera estar a solas con su mente y hacen lo que peor funciona: poner la tele o un vídeo para distraerse. La luz que capta nuestro cerebro impide que se inicie el ciclo sueño-vigilia.

Si esto ocurre noche tras noche, ya hemos programado el mal casi a perpetuidad.

La mayoría de veces la responsable es la propia mente pensante que campa sus anchas a esas horas de la noche trayéndonos todo tipo de fantasmas del pasado o preocupaciones futuras. La meditación Mindfulness se ha mostrado altamente eficaz para este tipo de insomnio, pues nos enseña a tomar las riendas de nuestra mente y soltar los pensamientos en cuanto aparecen, refugiando nuestra atención en las sensaciones táctiles de nuestro cuerpo sobre el colchón. Todo menos escucharlos y darles significado…

Para la ansiedad que produce la incertidumbre de si podremos o no dormirnos, no hay nada mejor que traernos sensación de calidez y seguridad a través de nuestra propia comprensión y compañía amorosa. Una vez entramos en la práctica científica de Mindfulness (que cambia estructuralmente nuestro cerebro), esta modalidad compasiva consigue paulatina y pacientemente suavizar y confortar hasta la ansiedad más rebelde ¿A qué esperas?

“Una nueva noche con el mismo problema de siempre: dejo mi cama y transito hacia mi despacho. Subo las persianas y pongo la silla cerca de la ventana para poder ver lo que pasa ahí afuera a través de la ventana. No hay ni un alma ni un solo ruido. Todo parece plácido a las tres de la madrugada”.

Extracto del libro “Sleep Demons: An Insomnic Memoir” (Los demonios de la noche: un recuerdo insómnico) del escritor y fotógrafo, Bill Hayes.

Ilustración del caricaturista argentino Liniers para su libro “What there is before thereis anything there” (Qué hay antes de que haya algo allí).

Sugerencia: “Meditación de la Exploración Corporal” en www.psyke.es. Esta
meditación nos ayuda a calmar la mente al ir reposando nuestra atención sobre cada
una de las partes de nuestro cuerpo. Al traer la atención al cuerpo, la mente deja de
engancharse a los pensamientos y entra en estado de calma. A continuación
sugerimos “Cultivando la Autocompasión” que nos reconforta y tranquiliza con suave
calidez hasta que el sueño nos alcance entrando en duermevela. Buena práctica…

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