REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

El sentido de la vida es “simplemente” vivirla…

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Qué fácil parece y qué difícil es. Nos pasamos la vida preguntándonos cuál es el sentido de la vida, como si fuera un código especial que han descubierto solo unos pocos. Y mientras tanto, la vida –la real, la que está pasando ahora mismo– va demasiado rápida entre listas de cosas que hacer y expectativas que no siempre son nuestras. Queremos entenderla antes de vivirla, cuando quizá el orden correcto sea justo lo contrario: primero vivirla y comprenderla después. Sobre todo porque avanza a pasos agigantados…

Hay una trampa en esa búsqueda obsesiva de sentido: convertirla en una coartada para no comprometernos del todo. “Cuando tenga claro lo que quiero…”, “cuando deje de tener miedo…”, “cuando esté más en calma…”. Pero la vida no espera. La vida ocurre mientras dudas, mientras te equivocas, mientras no sabes. Y aun así –o precisamente por eso– sigue teniendo valor, porque su finitud hace que nos tengamos que decantar hacia vivirla o esperar a tenerlo claro. Y puede que nunca lo tengamos claro. Y te desvelo un secreto: casi nadie lo tiene claro. El rumbo se va marcando mientras se vive.

Desde la psicología lo sabemos bien: el sentido no suele aparecer como una idea luminosa, sino como una experiencia encarnada. Se construye cuando eliges estar presente, cuando respondes con honestidad a lo que la vida te pide hoy, no a lo que crees que debería pedirte. El sentido no se piensa tanto: se practica. En cómo amas, en cómo te cuidas, en cómo atraviesas el dolor sin huir de él.

Lo expresó con una claridad inolvidable Viktor Frankl: “La vida nunca deja de tener sentido, incluso en el sufrimiento”. Y lo refuerza Jon Kabat-Zinn, referente actual del mindfulness, cuando afirma ante los tumultos emocionales que todos tenemos: “No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfearlas”. El sentido, pues, no está en controlar la vida, sino en aprender a estar con ella tal como es. Por eso, más que buscar una respuesta definitiva, quizá la tarea sea aprender a estar más presentes, implicarnos y elegir, aunque no tengamos ninguna garantía de que sea el camino “correcto”. Tal vez ahí esté la clave: el sentido de la vida no es entenderla del todo, sino comprometerte con ella. Vivirla. Simplemente vivirla.

El sufrimiento humano no es algo que deba eliminarse antes de poder vivir bien. La vida plena no consiste en sentirse bien todo el tiempo, sino en estar dispuesto a sentir lo que haya que sentir al servicio de vivir una vida con sentido.

Cita del libro “Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change”, de Steven C. Hayes, de 2012.

Ilustración de Sophie Blackall para su libro “Farmhouse”, 2022.

Sugerencia: Meditación n. 17 – “Meditación Asentando el Cuerpo en su Estado Natural”

Esta meditación nos ayuda a transformar deliberadamente el corazón y la mente a través de una profunda sensación de calma y quietud, permitiendo que todas las sensaciones que se presenten pasen a través de la consciencia sin rechazarlas, retirarlas o criticarlas. Con una mente en calma podemos tomar decisiones más acordes con nuestra esencia. Buena práctica…