REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

“Hay momentos en los que solo tu te puedes salvar: aprende a abrir tu corazón»

Acabamos de clausurar nuestro retiro anual de Autocompasión en un lugar que invita a la introspección y al recogimiento necesarios para que nos demos cuenta de que solo el amor incondicional, hacia los demás y hacia nosotros mismos, hace que nuestra vida tenga sentido. El Dalai Lama dice “si quieres que los demás sean felices, practica la compasión; si quieres ser feliz, practica la compasión”.

La vida está llena de dificultades para todos los seres humanos. Aunque hayamos nacido en una situación privilegiada, con padres que nos han querido y cuidado, con comida, casa y comodidades, vamos a sufrir las realidades propias de todos los seres humanos: rupturas sentimentales, el fallecimiento de seres queridos, la vejez, la enfermedad. Afrontemos que, así visto, vamos a sentir emociones difíciles de acoger: miedo, tristeza, rabia, ansiedad, inquietud, incertidumbre…

Necesitamos salir de nuestra ceguera protectora para poder ver todo el horizonte de posibilidades y comprender que vivir una vida humana requiere de herramientas que nos “abran” a esta realidad –con acogimiento- y que no nos “cierren” y encojan, reduciendo nuestro mundo a un mero sobrevivir del tipo “ya ha pasado un día más, un día menos de sufrimiento”.

¡Qué desperdicio de vida! cuando solo tenemos una consciente…

La palabra compasión proviene del latín “com” (con) + “pati” (sufrir), como si fuera “sufrir con” que, aunque de algún modo es así, desde la comunidad científica que viene investigando este concepto desde hace años la perspectiva es bien distinta. Para ser compasivo hay que tener “sensibilidad” para captar el sufrimiento propio y ajeno y “motivación” y valentía para querer aliviarlo en cuanto aparece ante ti. Para que esto suceda, hace falta un ingrediente necesario: el amor.  Por eso hay que entender que la compasión va más allá de la empatía, porque incluye el imprescindible componente del amor por el ser humano en todas sus facetas, asumiendo todas sus imperfecciones y debilidades, complejidades y maravillosas virtudes. 

Sigue existiendo dificultad en entender este concepto por nuestra educación judeo-cristiana que nos lleva a pensar que significa lástima y debilidad. Todo lo contrario: ser compasivo requiere coraje y forja resiliencia.

Afrontar el sufrimiento de cara es lo que tiene: genera recursos internos y nos hace más firmes ante las adversidades que inevitablemente aparecerán, sin renunciar ni esconder nuestra vulnerabilidad. Mantenemos así “el corazón blando y la espalda fuerte” que dice Joan Halifax, una de las máximas expertas en Autocompasión.

Es un entender que la vida no puede ser de otra manera y por eso, cuando vemos a alguien sufrir (a no ser que seamos psicópatas: pobres incapaces de sentir por los demás, quienes, por cierto, tampoco han elegido ser así),  lo acogemos y lo apoyamos e intentamos suavizar su carga lo antes posible, aunque solo sea con nuestra voz, nuestra compañía y nuestro indispensable amor.

Virar de la compasión a la autocompasión, supone dirigir ese apoyo y consuelo de afuera hacia dentro, traernos amor y ternura hacia nosotros mismos porque estamos sufriendo. Requiere todo un entrenamiento porque así como hacia los demás nos resulta más fácil (el 68% de la sociedad), hacia nosotros mismos no nos parece tan natural y hasta nos parece egoísta.  Craso error…

Cuando lo pasas mal ¿eres tu aliada, tu mejor amiga? O aparece esa enemiga interna machacona de la que huiríamos si pudiéramos, por lo mal que nos trata…

Si aprendemos a traernos cariño y consuelo como si fuéramos nuestras mejores amigas, encontraríamos ese refugio interior de paz y acompañamiento que necesitamos en momentos de desesperanza. Pero qué difícil resulta acogernos y reconfortarnos cuando nos sentimos hundidas.

En un momento en el que los suicidios están creciendo en el mundo de forma alarmante, disparando todas las estadísticas ¿no ha llegado el momento de prevenir el desasosiego desesperanzado con el que muchas personas se encuentran en su día a día con medidas comprobadas empíricamente que ya sabemos que funcionan para aliviar los dolores del alma?

¿A qué esperamos? ¿A qué esperas?…

“si quisieras ahogarte, podrías, pero no lo haces porque al final, después de tanta lucha, después de todos estos años, simplemente ya no quieres, simplemente ya has tenido suficiente de querer ahogarte y ahora quieres vivir y quieres amar”

Extracto del Poema “Tuelove” (Amor verdadero), del libro de poemas de David Whyte: “The Sea in You: Twenty poems of requited and unrequited love” (El mar en tí: veinte poemas de amor correspondido y no correspondido).

Fotografía : Tercera Edición del Retiro de Autocompasión organizado por Psyke en Gilet, Septiembre de 2021.

Sugerencia: Meditación nº 11: “Cultivando la Autocompasión” en www.psyke.es. Evocamos una escena que hemos experimentado en nuestra vida, en la que nos sentimos especialmente queridos, seguros, acogidos plena y amorosamente. Retenemos esa energía amorosa y tierna en nuestro cuerpo y aprendemos a traernosla hacia nosotros mismos con ternura. Poco a poco vamos cultivando esa sensación de plenitud y confianza en nuestro interior. 

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