REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

La sobreprotección infantil impide un desarrollo saludable y genera hijos débiles

El trabajo de ser padres es -de todos los trabajos posibles- el que requiere la máxima flexibilidad. Los hijos nacen y como los vemos todos los días, no nos percatamos de su rápida evolución y consecuentes necesidades de desarrollo que a menudo obstaculizamos por nuestra exagerada necesidad de resolver todos sus problemas.

La consabida frase “Hay amores que matan”, se puede aplicar en estos casos de educación asfixiante que acaba minando la generación de recursos y autonomía que necesitan ir adquiriendo nuestros hijos progresivamente para poder afrontar los retos que supone vivir una vida humana.
Cuando se decide tener descendencia, los progenitores adquieren la tremenda responsabilidad y deber de socializar a sus hijos. Esto significa preparar y dotar a sus hijos de los recursos necesarios para vivir en sociedad. Cuando nacen son completamente indefensos, por lo que deberemos proveerlos de amor, cobijo, nutrición, vestimenta…todo, absolutamente todo lo necesario para su supervivencia y florecimiento. Pero a medida que van creciendo, hemos de saber dar un paso atrás y dejar que exploren y desarrollen su necesidad de autonomía y competencia, sin sentir rechazo ni vergüenza por ello.

Regla de Oro: no hagas nada por tus hijos que no sean capaces de hacer por sí mismos.

No hay que confundir el amor incondicional con el sobre-amor limitante. Y es que sigo sin entender cómo hay tanta preparación para el matrimonio o la vida en pareja y la prácticamente nula dedicación a la tremendamente difícil tarea de ser padres.

Los hijos de hoy son las parejas, empleados, jefes, jueces, madres, padres y políticos de mañana: visto lo visto, toda nuestra entrega en prepararnos para ser los mejores educadores posibles, es poca….

Ilustración de Paul O. Zelinsky para el libro “The Story of Mrs. Lovewright and Purrless Her Cat” de Lore Segal