REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Las emociones son una caja de herramientas que necesitamos para vivir…

Todos nacemos con las mismas emociones de serie: la rabia, la alegría, el miedo y la tristeza están ubicadas dentro de nuestro cerebro desde hace tropecientos años para que cuando lleguemos al mundo podamos sobrevivir. Cada emoción cumple una función. En titulares reduccionistas, la rabia nos ayuda a defendernos; el miedo, a protegernos; la alegría, a compartirla con nuestra gente (con lo cual las relaciones sociales están aseguradas) y la tristeza, también nos lleva a buscar consuelo y el acogimiento de personas cercanas.

He nombrado las cuatro emociones centrales y universales, aunque hay más…

Hemos heredado esta “caja de herramientas” durante nuestro proceso evolutivo porque la naturaleza ha considerado que las necesitamos llevar siempre encima para poder abordar cualquier circunstancia que se nos presente.  Es como una pre-instalación preventiva. Es algo parecido a lo que hacen los prudentes cuando salen al monte y se aseguran de llevar una alforja con un mini-botiquín, alimento y agua en abundancia por lo que pudiera pasar. Esta disposición emocional nos ayuda a captar las necesidades que requieren de nuestra atención.

Aunque todos albergamos las mismas emociones, hay quien -por su historia de vida- necesita tirar más de la rabia que del miedo. Si te has criado con muchos hermanos que buscaban su espacio en la familia a base de codazos -por ejemplo- la rabia te ha podido ayudar a aprender a defenderte. Si tu entorno ha sido hostil y peligroso, el miedo te ha podido acompañar un buen trecho de tu vida para que aprendas a protegerte de riesgos y amenazas (y así sucesivamente). En una caja de herramientas de verdad hay muchos utensilios que no utilizamos de la misma manera ni tan frecuentemente. Así son las emociones…

Comprendidas y usadas de manera saludable, las emociones nos funcionan. Pero empiezan a dar problemas cuando se apoderan de nosotros, impidiendo que nos actualicemos y mantengamos el equilibrio. Es posible que hayamos necesitado la rabia durante nuestra infancia y ahora, una vez independizados y con nuestro propio núcleo familiar establecido, siga apareciendo espontáneamente y nos incordie cuando ya no nos hace falta. Lo mismo ocurre con el miedo. Si tu cerebro se ha adaptado a vivir bajo una constante sensación de amenaza –real o ficticia- el miedo puede impedir que acometas nuevos proyectos porque pienses en el peligro del fracaso.

Vemos que las emociones, pues, pueden ser constructivas o destructivas según el uso que hagamos de ellas. Lo que no podemos evitar, bajo ninguna circunstancia, es no sentirlas en nuestro interior. Por eso es esencial conocerlas y validarlas, porque aparecen involuntariamente, con lo que no se pueden controlar, aunque sí se pueden regular.

La práctica meditativa de Mindfulness nos enseña cómo hacerlo.

¿A qué esperas?

Las emociones nos proveen de la urgencia y el incentivo para comportarnos de acuerdo con la información que traen y consideran la más apropiada para la situación actual. Ya sea resguardarse de la lluvia o abrazar a la persona que tanto has echado de menos”.

Extracto del libro “Feeling and Knowing: Making Minds Conscious” (Sentir y saber: haciendo a la mente consciente) de Antonio Damasio.

Ilustración de Maurice Sendak para el libro “Open House for Butterflies” (Casa abierta para las mariposas), de Ruth Krauss. Traducción del texto: “Es bueno conocer una canción de gritos por si necesitas gritar

Sugerencia: N. 6: “Meditación Nombrar las emociones” y posteriormente N.16: “RAIN”.

Meditación para aprender a identificar y darles nombre a las emociones, permitiendo que se expresen en nuestro cuerpo. A continuación la Meditación RAIN nos guía a través de pasos necesarios para un buen acogimiento y comprensión de nuestras emociones y de nosotros mismos. Buena práctica…

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