REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Yo fui una niña mujer

Uno de los primeros ejercicios que hacemos en Iniciación al Mindfulness es el ejercicio de los 9 puntos (hay que unir 9 puntos con cuatro rayas rectas sin levantar el lápiz del papel). No se puede resolver si no te “sales” de la zona que ocupan los puntos, lo que hace alusión a “salirse del constreñimiento mental” que tanto nos limita sin saberlo. Estamos encorsetados en nuestras creencias (muchas veces ya obsoletas) y nos regimos por ellas sin actualizarnos, sin ponernos al día. Y, sin embargo, vivimos -supuestamente despiertos- todos los días, uno tras otro…

Algo que puede resultar irónico y que muchos no saben, es que tanto hombres como mujeres, nos gestamos siguiendo exactamente el mismo modelo genético: si el gen SRY no se pone en marcha a las siete semanas de embarazo, el cuerpo se sigue desarrollando “por omisión” a través de la línea femenina (comprobadlo).

Sabemos, desde la psico-bio-neurología, cómo se formatea el cerebro de 0 a 25 años, inmerso en el ambiente en el que nace y al que se adapta, lógicamente, para sobrevivir (siendo entre 0 y 5 años la etapa más crítica). La forma en que una persona adulta trata a su cónyuge o pareja, pues, es absolutamente determinante. Si el cerebro se impregna desde la infancia de un estilo familiar en el que la mujer es dominada y sumisa, se ajustará a esas premisas. Y ese cerebro en acción -que es la mente- analizará y etiquetará todo lo que se encuentra a su alcance, con mayor o menor fortuna, desde los condicionamientos que le ha tocado vivir.

Nuestras madres y padres son nuestras primeras referencias.

Pregunto: ¿Es eso lo que queremos para nuestras hijas e hijos?

El otro día leí en Facebook el testimonio de una madre que llevó a su niña de 4 años al hospital después de que otro niño de su clase le pegase con un juguete de metal. El enfermero le dijo a la niña “apuesto a que le gustas”. ¿Cuántas veces decimos esto a nuestras hijas intentando suavizar hechos similares como insultos o burlas?: “Se mete contigo porque le gustas y no sabe cómo decírtelo” (también ocurre de niñas a niños pero con mucha menor frecuencia). Esta madre publicó un post que se hizo viral, dedicándole el New York Times un artículo en el que apoyaba su reflexión sobre cómo este tipo de comentarios envía, especialmente a las niñas, el mensaje subliminal de que es normal que alguien que te quiere, te hiera. A su vez, esto contribuye a que futuras mujeres se emparejen con un hombre que no las tratan con respeto, o incluso que las maltrate, y que ellas piensen que esto es amor. “Quien bien te quiere te hará sufrir”.

Pregunto de nuevo: ¿Es eso lo que queremos para nuestras hijas e hijos?

Madres valientes, autónomas e independientes y que, dicho sea de paso, no “limitan” ni sobreprotegen ni a sus hijas ni a sus hijos, generan personas a su vez más libres, más independientes y con más autonomía.

De modo que en un mundo de personas más independientes, en el que –por el momento- nos seguimos necesitando los unos a los otros para sobrevivir, nos acabaríamos juntando por una necesidad mucho más pura y humana: amor, sin dependencias.

¿por qué no querríamos fomentar que en la sociedad existieran mujeres fuertes, independientes y autónomas que dieran luz a hijos e hijas que –por emulación- también lo fueran?

En un mundo donde la diversidad poco a poco está siendo más aceptada socialmente y se muestra más abiertamente (LGTBQ+), con parejas no necesariamente heterosexuales que tienen hijos e hijas ¿dónde queda la caduca interpretación de género como el binomio “hombre-mujer”? En un mundo en el que los divorcios alcanzan el 56% de los matrimonios ¿dónde queda la unión familiar para toda la vida?

¿Estamos sintonizados con la realidad?

Y, desde esa realidad que no podemos negar…

¿Es esto lo que queremos para las futuras generaciones?

Tomemos conciencia…

“Yo fui una niña mujer
y ahora soy una mujer niña.
Cuando debía jugar a las muñecas
ya sostenía niños de verdad en brazos
y me perdí el asombro de descubrir
que la vida es un infinito modo de caminar.
Ahora que debería sentir los brazos
cansados,
como me nacieron alas,
ando volando por encima del mundo que
me fue negado
y desde el aire puedo ver los atajos
que, ahora sé, llevan al mismo lugar.

A los cincuenta me nacieron alas.
Dejaron de pesarme los senos
y los pensamientos que cargaba desde niña.
A las alas les enseñé a volar
desde mi mente que había volado siempre,
y comprobé desde el aire
que mientras yo anduve dormida tantos años
alguien trabajaba afanosamente
recogiendo plumas para hacer esas alas.

Tuve suerte de que cuando estuvieron hechas
me encontraron despierta en el reparto”.

“Yo fui una niña mujer” de Begoña Abad
Ilustración de la artista brasileña Yara Kono para el libro “Three balls of wool (Can change the world)” de la portuguesa Henriqueta Cristina, que aborda el significado de la libertad y la dignidad humana y ha sido publicado por Amnistía Internacional.
Recomendación: Meditación ante el pasado y el futuro en www.psyke.es en AUDIOS (meditación nº15), cultiva la aceptación de nuestro pasado, con gratitud y confianza por haber sabido traernos al presente, con nuestros aciertos y nuestros errores y aprender de ellos al darnos cuenta de nuestros patrones y comportamientos. Con esa autoconfianza, tomamos fuerza para dirigirnos hacia nuestro futuro con aspiración y buenos deseos para evolucionar como personas y como sociedad.