Perder a alguien que queremos puede doler de una manera tremenda. Nuestra tristeza, incluso nuestro desgarro, nos habla de lo importante que era esa persona en nuestra vida. Es como una especie de homenaje a su pérdida. Pero cada uno lo siente y lo expresa a su manera. No necesitamos demostrar cuánto hemos querido a través de cuánto sufrimos.
A veces buscamos cualquier cosa que nos permita dejar de sentir durante un rato: alcohol, juego, comida, compras… El alivio puede ser inmediato, pero cuando se pasa el efecto, el dolor sigue ahí, a veces acompañado de nuevos problemas. Distraerse un rato no equivale a negar la pérdida. Hay que abrir un poco de espacio también para descansar del dolor, conversar o disfrutar sin que nos invada la culpa.
Hay casos y casos. A veces necesitamos acompañamiento profesional y, cuando está indicado, también medicación. Saber que una muerte se acerca no significa estar preparados para vivirla. Por eso, cuando ocurre y nos invade una tremenda tristeza, lo más saludable es aprender a acogerla con todo el cariño del mundo hacia ti misma/o. Una herramienta que puede ayudarnos a acompañar lo que sentimos en ese camino y, desde mi punto de vista, la más recomendable y natural, es practicar mindfulness.
Muchas personas dicen que no pueden meditar porque se les va la mente continuamente. Pues claro. Al meditar observando nuestra mente ya estamos afrontando la primera gran incomodidad con tanto pensamiento que no para. Meditamos precisamente para poder estar con las frustraciones con mayor resiliencia. Al exponernos a nuestro mundo interior cada día, la mente y nuestras emociones dejan de asustarnos porque nos estamos exponiendo deliberadamente a ellas. Comprender por qué están y aplicar las prácticas pertinentes para suavizarlas y regularlas es absolutamente necesario para acompasar el proceso del duelo desde el amor.
Hay quienes han venido a terapia anticipándose al fallecimiento de un ser querido. Me decían, entre lágrimas, que no podrían superar su pérdida, que no sabrían qué hacer ni cómo sobrellevarlo. Buscaban herramientas —siempre necesarias— para poder prepararse para cuando llegara el momento. Una me llamó especialmente la atención. Dijo que quería mucho a sus padres, que adoraba a su marido y sus hijos, pero que no podía soportar la idea de que desapareciera su abuela de su vida. Ahí me tocó el corazón y me emocioné mucho. Pensé en mis nietas y mi nieto y, claro que no quiero que sufran, pero os confieso que me gustaría que me echaran mucho de menos…
No “superarás” la pérdida de un ser querido; pero aprenderás a vivir con ella.
Cita de Elisabeth Kübler-Ross y David Kessler, de su libro On Grief and Grieving, de 2005.
Ilustración de Olivier Tallec para el libro The Scar (La cicatriz), de Charlotte Moundlic, 2009.
Sugerencia: Meditación n.º 8: “Suaviza, Conforta y Permite espacio a las Emociones Difíciles”. Esta meditación sirve para desarrollar la gestión de nuestras emociones: reconocerlas, aceptarlas y dejarles estar en nosotros. Sin intentar reprimirlas ni controlarlas. En situaciones de duelo nos puede ayudar a mantener la estabilidad y la calma, con un acompañamiento amoroso, a pesar del dolor interno que estemos experimentando. Buena práctica…