Según la teoría de la auto-percepción, somos tanto observadores como narradores de nuestra propia experiencia. No somos conscientes, pero nuestra mente va explicándonos con palabras todo lo que vamos haciendo y sintiendo. Es decir, entre lo que hacemos y lo que en realidad estamos experimentando (con los cinco sentidos), la mente nos interpone “conceptos” que casi siempre minimizan o magnifican la experiencia. Así nos va…
Cuando hacemos algo y no somos capaces de entender por qué lo hemos hecho, nuestra mente intenta darle sentido construyendo una historia medianamente plausible. Poco a poco vamos formando creencias sobre nosotros mismos en base a nuestras acciones, que coincida con esa historia que nos hemos contado.
Descubierto el conflicto interno, estamos en lo que se denomina “disonancia cognitiva”, que es cuando luchamos para reconciliar ideas enfrentadas sobre nosotros, los otros o cualquier situación que nos parecen incongruentes. Y nos podemos hacer bastante expertos en este tipo de manipulación…
Ya sabemos que “la mente prefiere una mala historia que ninguna” sobre cualquier situación dada. Pero contarnos una historia de manera engañosa cuando lo sabemos (aunque solo sea desde una mínima rendijilla), nos hace mucho daño porque nos impide salir del patrón, de la creencia que nos mantiene estancados porque, una vez más, hemos conseguido engañarnos.
Las historias que nos contamos son solo palabras. Si seguimos creyéndonoslas, nuestra mente nos las seguirá contando y no saldremos nunca de la rueda. Hay que desmentir a la mente parlanchina promoviendo justamente lo que nos dice que no podemos hacer, o vivir o perseguir: levantando nuestro cuerpo y haciéndolo…
Sugerencia: lectura de “You are not so smart” (No eres tan listo) de David McRaney
Ilustración: #72 kilos