REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

AEROFOBIA: El miedo a volar delata nuestra necesidad de controlar el entorno

El miedo a volar (igual que el miedo a las cucarachas, a las ratas o a las serpientes), a veces se coloca en el “mismo saco” de fobias generalizadas, sobre las que no hay acuerdo científico. Parece que las fobias a insectos voladores o animales veloces forman parte de nuestros miedos primitivos provenientes de nuestro sistema límbico (estructura cerebral heredada que se desarrolla dentro del útero materno para nuestra supervivencia). En este sentido, el miedo a volar, enraizado en la “velocidad e incomprensión técnica de un aparato que vuela”, puede acogerse a estas amenazas heredadas a las que algunos cerebros todavía les cuesta adaptarse.

Sin embargo, en la mayoría de casos conocidos, las personas que sufren terror a subirse a un avión han adquirido ese miedo en la edad adulta tras años de volar sin sentir amenaza alguna surcando los cielos.
¿Cómo es posible que hayan volado sin miedo y ahora, sin ninguna explicación racional (no ha habido ningún incidente peligroso durante un vuelo guardado en la memoria), no soporten viajar en avión?

En primer lugar, el cuerpo tiene muchas formas de decir NO a lo le atemoriza. Una de ellas es no querer someterse a amenazas que no puede controlar. Muchos pacientes dicen “es que si yo pudiera pilotar el avión, no tendría miedo…yo me fío de mí, pero no de los que no conozco (es decir, del piloto)”.

Al practicar regularmente Mindfulness (cuya función principal, en la mayoría de casos, es DARNOS CUENTA), inmediatamente nos percatamos de esa “necesidad de control”: una de nuestras principales fuentes de estrés. A más miedo: más necesidad de controlar, organizar y compartimentar todo lo que nos rodea.
Solo podemos trabajar esta necesidad de control si “tomamos conciencia”; al igual que no podemos arreglar una pila que gotea si antes no descubrimos que gotea…
En el caso del miedo a volar, empecemos de cero: ¿para qué sirve el miedo? Es una “e-moción” (energía que mueve a la acción) ante algo que nos preocupa o que necesitamos. Las emociones heredadas protegen nuestra supervivencia. El temeroso a volar le ha comunicado a su organismo que el avión amenaza su supervivencia (porque hay muchas personas que sienten volar como una amenaza)…

Al aproximarte, pues, al avión, la emoción del miedo va a ir subiendo cada vez más el volumen para que no subas a ese avión, ya que TU eres el que le has comunicado a tu organismo que te puede matar. Quieres no sentir las sensaciones físicas del miedo (porque son desagradables), pero son inevitables porque ya se ha desencadenado la cascada hormonal ante la amenaza.
¿Por qué, pues, te enfadas con sentir miedo? Ahí estriba la mayor dificultad: acoger el miedo como un compañero de viaje que ha hecho su aparición estelar para salvarte de los “leones” (el cerebro solo percibe AMENAZA, no si es un león que te va a comer, o un avión al que te vas a subir).

Si, a pesar del miedo, decides voluntariamente volar, abraza tu miedo como amigo tuyo que es, porque está ahí para salvarte. Siéntalo a tu lado con cariño, tápalo con la manta aérea y su almohada merecida y pregúntale si quiere tomar menú vegetariano o prefiere ver una película.
Viaja con tu miedo protector. No encontrarás mejor compañero de viaje que te comprenda y al que tu comprendas…y quizás, con el tiempo, al acogerlo con tanto cariño, puede que te pida algún día no tener que viajar contigo y te liberes de su presencia, pues en tu próximo vuelo ha decidido quedarse en casa para ver un capítulo más de su serie favorita…

“El miedo no es una emoción que nos permitamos sentir fácilmente, ni con la que podamos permanecer mucho tiempo, ni tampoco enfrentarnos a ella con claridad y compasión. Pienso en cuánta acción destructiva ocurre simplemente porque no podemos sentarnos con nosotros mismos y reconocer que sentimos miedo.
Para evitar sentir miedo, nos aferramos a cualquier cosa que nos proporcione alguna sensación de poder, por efímera que sea esa sensación, o por destructiva y autodestructiva que pueda ser la acción que emprendamos”.

Extracto del blog “On being” de Sharon Salzberg
Ilustración del libro póstumo “The River of Conciousness” del archivo de apuntes personales de Oliver Sacks (1853).
Sugerencia: Meditación nº 8: “Suaviza, conforta y permite espacio a las emociones difíciles” sirve para desarrollar la gestión de las emociones: reconocerlas, aceptarlas y dejarles estar en nosotros. Sin intentar reprimirlas ni controlarlas. Sabiendo que están ahí porque cumplen la función de informarnos de lo que sucede en nuestras vidas.