REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

“Confiar requiere coraje, en un mundo lleno de incertidumbres»

Cuanto más inmersos estamos en titubeos y adversidades, más buscamos agarrarnos a algo que nos provea de una sensación de seguridad como un salvavidas en medio de una tormenta. No es fácil confiar y por eso muchos deciden acogerse a algo superior, algo que viene de los cielos (o del cosmos) que es quien nos envía sus designios que hemos de aceptar estoicamente porque así es nuestro destino. 

Otros confían en los demás, a veces tan ciegamente que se derrumban al ver sus expectativas truncadas en el suelo. Después de muchas decepciones, algunos intentan confiar en sí mismos. Y ni aun así, porque también somos capaces de defraudarnos al ver que no podemos cumplir con nuestras propias exigencias.

Por eso la mejor opción es confiar en la realidad. Sí, habéis leído bien: la realidad. 

Confiar en la realidad supone entrar en el mismo corazón de la confianza porque significa asumir que todo aquello que nos pasa siempre es una oportunidad para evolucionar hacia ser personas más amorosas y más sabias. Esta completa apertura a acoger lo que la vida nos presenta es la postura más difícil de todas, la que más nos pone a prueba.  Supone confiar en nuestra vida tal y como es, como un camino que merece ser transitado porque la confianza está depositada en la vida misma. 

¿Cómo se consigue?: primero practicar y aprender a ser “Mindful” que significa estar con la consciencia abierta y alerta para poder captar todas las distorsiones a las que nos somete nuestra mente que intenta convencernos de que:

  1. los problemas deben resolverse como “debe ser”, según mi manera de verlo
  2. las personas deben actuar cómo yo creo que deben actuar “yo jamás haría eso”
  3. la vida debería ser justa y las personas que cometen injusticias no deberían existir

Desde el mindfulness (con los pies en la tierra), entendemos que las personas hacen lo que pueden guiadas por su educación y ecosistema sociocultural. Y hemos de tener presente que nosotros también estamos condicionados por nuestro propio entorno. Partiendo de esta base, decidimos cómo situarnos ante la vida y las relaciones con los demás sabiendo, desde la madurez, que si somos capaces de fallarnos a nosotros mismos, debemos poder aceptar que las personas que nos rodean también nos pueden fallar. 

A pesar de las decepciones (que todos sufrimos), yo elijo confiar y abrirme a la experiencia… 

No desde la superstición del tipo: “esto me pasa para que yo pueda aprender algo” sino más bien “todo lo que me pasa, pasa, “Y” voy a aprovecharlo para aprender”. No lo encargamos expresamente, pero ya que ha llegado inevitablemente, no lo desaprovechemos. 

Por eso no es una perspectiva mágica, es puramente realista: esto es lo que hay aquí y ahora. Y, aunque no me guste, voy a abrirme a poder comprender todo lo que me puede aportar para elevarme por encima de mis pequeñeces y aprender a ser una persona más compasiva, más tolerante, con todo aquello que no está en mi mano cambiar…

Las investigaciones demuestran que si tienes compasión por tus propias caídas (que todos tenemos) vas a poder ser más compasivo con los demás. Pues según Jacinto Benavente, “a perdonar solo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho”.

 “la vida supone embarcarnos en aguas perturbadas. Solo algunos valientes embarcarán en un navío llamado “confianza”. ¿Podemos confiar en que el barco no se hunda? ¿Podemos fiarnos de nuestros compañeros de viaje? Este tipo de preguntas nos las hacemos con respecto a nuestras familias, amistades y parejas. Solo aquellos dispuestos a dejarse sentir la vulnerabilidad pueden navegar por este mar de riesgo que es la vida. Salimos a navegar sin la garantía de que alguien tenderá su mano para salvarnos de las olas. A veces hemos sentido la traición del que parecía estar siempre a nuestro lado, pero se desvaneció cuando más lo necesitamos. Y dolimos. Sin embargo, aprendimos a surfear las olas y no hundirnos en ellas

Extracto de Dare to Trust (Atrévete a confiar), de David Richo.

Ilustración de Jacqueline Ayer para su libro “The Paper-Flower Tree”.

Sugerencia: Meditación de El Perdón” en www.psyke.es. Podemos causar daño y nos pueden
causar daño, consciente o inconscientemente, movidos por el dolor, el miedo, la ira o la
confusión. Esta meditación ayuda a cultivar el perdón hacia nosotros mismos y hacia los demás
sin forzarnos, permitiendo que la intención de perdonar resuene en nuestro corazón y así poder
–poco a poco- volver a confiar.