REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

“Pregunta: ¿Cuánto tiempo debo permanecer en la oscuridad? Respuesta: Hasta que seas capaz de VER en esa oscuridad” –Florence Scovel Shinn

Toda situación que requiere que nos “estiremos” más allá de lo que ahora somos, alberga crecimiento y, por tanto, mayor sabiduría. Lo sabemos pero lo rehuimos. Lógico: nadie va a ir deliberadamente en busca del sufrimiento (ni es mi intención animaros a ello)…

Sin embargo, si fuéramos capaces de escribir sobre papel la cantidad de situaciones dolorosas y difíciles que nos han ocurrido y que han dado lugar a nuestro “reposicionamiento” en la vida, nos daríamos cuenta de lo necesario que son las “sacudidas” para cambiar de perspectiva.

En la vida nos pasan cosas agradables, desagradables y neutras. De las neutras ni nos enteramos, vaya. No quiere decir que no existan, simplemente que a nosotros no nos “tocan” en ese momento, aunque a otros sí, y mucho. No atenderlas, no hacerles caso por falta de interés, no hace que desaparezcan. Están en la vida de muchas personas pero son “cegadas” en nuestro día a día (séase el apoyo a la vida vegana para el que no está sensibilizado con la vida “sintiente” animal).

Hemos de tomar consciencia con humildad, pues, de que la realidad que atendemos es “nuestra” realidad, pero no es “la realidad universal”.

Desde esta base, comprendemos que nuestro punto de vista siempre estará mediatizado por nuestras experiencias de vida. Es decir, todo parte de mí y de mi mirada, en principio detenida en el punto en el que estoy viviendo en este momento. Para mover esa perspectiva hace falta que ocurran cosas, sino la rigidez mental nos mantiene allí, cerrados (y cegados) en nuestra razón. Y desde esa razón estanca, nos movemos…

De pronto ocurre algo inesperado que nos obliga a posicionarnos. Si el desequilibrio puntual nos empuja a darnos cuenta de que nuestra vieja postura ya no nos sirve (por obsoleta) se abre ante nuestros ojos velados nuevas posibilidades de interpretación, junto con la necesidad de hallar también una nueva ubicación.

Si sabemos que la flexibilidad –en todas sus formas- es lo que más necesitamos para abrirnos y así acoplarnos a la diversidad de la vida, deberíamos encargarnos deliberadamente esas “sacudidas vitales” que nos expongan a nuevos estímulos para ampliar nuestra capacidad adaptativa.

Tenemos muchas herramientas disponibles a nuestro alcance dentro de nuestro interior. Pero es como si de toda la caja de la que disponemos solo utilizáramos un martillo; lo que no se solucione con el martillo no lo podríamos resolver. Si la vida nos fuerza a buscar otra herramienta, puede que optemos usar una linterna…
Con esa linterna, quizás alumbremos justo aquello que estábamos buscando, que no podiamos ver por falta de luz y que, paradogicamente, siempre había estado allí…

«Así es como un ser humano puede cambiar. Hay un gusano adicto a comer hojas de parra. De repente, se despierta. Llámalo gracia, o lo que quieras, algo le despierta y ya no es un gusano. Es el viñedo entero y el huerto también, la fruta, los troncos, una sabiduría y gozo creciente que no necesita devorar” –El despertar, Rumi

Ilustración: #72 kilos