Cuando experimentamos el amor, es decir cuando nos enamoramos “hasta las trancas”, la percepción del mundo se tiñe de colores cálidos y agradables, vemos las flores, el cielo y los pájaros de forma diferente. Todo es un fluir armonioso y asombroso, porque estamos bajo el influjo emocional del primer estadio del enamoramiento, que influye químicamente en la interpretación de todas nuestras experiencias.
Ahora que se acerca el día de homenaje a los “enamorados”, pongamos los puntos sobre la íes: el amor no es una elección deliberada ni racional. De hecho, personas que pudieran encajar perfectamente en nuestra lista de peticiones de pareja ideal pueden no enamorarnos. Una lástima si hemos de dejarles ir por no sentir lo que quisiéramos sentir. Un ejemplo más de que la química y las emociones no son voluntarias.
En inglés enamorarse se expresa como “falling in love”, que se traduce en “cayendo en el amor”, como una especie de incontrolable rendición ante un secuestro emocional que nos supera. Una vez hemos “caído”, pues, la química que se pone en marcha no deja tregua.
Estos son los neurotransmisores que toman el control:
- La dopamina: nos mueve a buscar estar con la persona amada, contribuyendo a sensaciones eufóricas y gratificantes con solo pensar que vamos a encontrarnos.
- La norepinefrina: aumenta la frecuencia cardiaca y la excitación cada vez que pensamos o nos vemos con nuestro “amor”.
- La serotonina: es responsable de regular nuestro estado de ánimo. Bajo los efectos del enamoramiento va como loca intentando regular las intensas oleadas emocionales que surgen cuando estamos enamorados.
- La oxitocina y vasopresina: son las hormonas de la conexión, el apego y la vinculación en la formación de una relación. Es como una especie de “superglue” que se asocia, además, con sentimientos de confianza y de cercanía.
Ante semejante caballería química, es difícil resistirse a la ceguera. Por eso, hay que disfrutarla mientras dura, porque se acabará. Y cuando inevitablemente caiga el velo, se puede pasar a la siguiente etapa que requiere ya un esfuerzo intencional y de compromiso con la persona amada, no exenta de altibajos desagradables (por haber distorsionado química e involuntariamente a la persona que teníamos delante). Esta etapa, vivida desde la consciencia, nos puede proporcionar mucho conocimiento sobre nosotros mismos: ¿qué necesito de mi pareja? Y ¿qué ya no necesito? ¿Qué puedo aportar yo para alimentar la relación? Siempre equilibrando el “dar y el tomar” como base. Quizás hayamos evolucionado hacia otras necesidades sin darnos cuenta, porque todas las relaciones nos cambian y nos transforman…
Nos conocemos en relación con los demás, y el autoconocimiento es crucial a la hora de establecer una relación duradera. Si se consigue superar el tsunami emocional, aparece la etapa de conocerse y aceptarse. Una etapa de seguridad por el compromiso y de intimidad por la confianza, que bien merece la pena navegar.
Dure lo que dure, porque nada es eterno…
“En una relación, una mente revisa a otra; un corazón cambia a su compañero (…) El poder de remodelar las partes emocionales de las personas que amamos, mientras se activan ciertas vías límbicas y el cerebro las refuerza. Quiénes somos y quiénes llegamos a ser dependen, en parte, de a quién amamos”.
Extracto del libro titulado “A General Theory of Love” de los psiquiatras Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lannon.
Ilustración titulada “The Lovers II” (Los Amantes II) de René Magritte (1928).
Sugerencia: Meditación n. 19 – “Amor y Energía Vital”.
Con esta meditación aprendemos a dar y traernos amor y compasión hacia nosotros y hacia los demás. El Amor es la energía más poderosa que tenemos. Es el antídoto al miedo y revitaliza todo nuestro organismo cuando lo sentimos. Déjate llevar con apertura, curiosidad y sin juicio, sin intentar cambiar nada de lo que estés experimentando, ni juzgar lo que vaya apareciendo. Es una meditación regeneradora y muy potente para conectar con tu energía vital. Buena práctica…