Dedico estas líneas a las personas que confunden el amor con el dolor que sienten estando en pareja. Lo único que tiene que “doler” -que no es propiamente dolor- es cuando echamos de menos a la persona que amamos, y eso hasta tiene su punto de belleza.
Todos los demás dolores los podemos suscribir a relaciones dependientes y poco saludables. Cada vez veo a más jóvenes -y no tan jóvenes- que se encuentran atrapados en relaciones “tóxicas” de las que no pueden salir, fruto de un “apego” mal establecido en la niñez.
El apego es un vínculo afectivo entre personas caracterizado por conductas de búsqueda de proximidad y conlleva sentimientos de seguridad, estabilidad, empatía, comunicación y apoyo emocional, entre otras cualidades. Según las experiencias vividas, sobre todo en la primera infancia, cada persona va conformando un “estilo de apego” que genera una forma relativamente estable de relacionarse, sentir y pensar en las relaciones interpersonales más estrechas.
Casi nadie salimos de este proceso libre de golpes y acabamos trasladando nuestras inseguridades, miedos y carencias a nuestras relaciones de pareja. Por eso urge clarificar cuándo estamos ante una relación poco saludable por cualquiera de las dos partes.
Según Katie Hood, directora de “One Love Foundation”, dedicada a la educación de jóvenes para que sepan distinguir las relaciones inseguras de las saludables, hay que prestar atención a estas cinco señales principales:
1- Intensidad: tanto de afecto como de emocionalidad, que puede llegar a ser asfixiante. Señales: cuando se dice “te quiero” demasiado pronto o cuando hay una desproporcionada impaciencia por verse.
2- Aislamiento: una relación poco saludable va separando al otro de sus amistades y familia, generando todo tipo de dudas y sospechas de cómo son y actúan para que poco a poco se vaya aislando de ellos.
3- Celos extremos: cuando una pareja pide que demuestres con quién has estado, generando sentimientos de posesión y desconfianza, casi amenazantes.
4- Menosprecio: haciendo pensar al otro que vale poco, utilizando el lenguaje sutil o gestos como arma despreciativa “tú que sabrás”, “menuda tontería acabas de decir”…
5- Volatilidad: frecuentes encuentros y desencuentros, conflictos dramáticos seguidos de abrazos y besos apasionados….
Es importante destacar que la forma en que se inicia la relación no es lo importante, es cómo va evolucionando -casi reptando sibilinamente- hasta llegar a apresar a uno o los dos miembros de la pareja en una turbia cárcel enfermiza que puede acabar dando lugar a todo tipo de abusos.
El primer paso es poner consciencia para captar estas señales que suelen ir en aumento, minando y debilitando la personalidad del otro.
El segundo, salirte cuanto antes de la jaula.
Quizás necesites ayuda para encontrar la llave. Ni lo dudes…
«Si nos ignoramos, llegará un momento en que perdemos la capacidad de saber lo que queremos (…). Solo se puede llegar al mal amor llevando a cabo un largo e imparable proceso de desconexión personal”. –El amor no duele (Montse Barderi)
Viñeta de la ilustradora española Flavita Álvarez-Pedrosa Pruvost, más conocida como Flavita Banana.