Extracto de Una pastelería en Tokio, preciosa e íntima película, casi una fábula, que requiere un espectador con plena atención, sin prisas. Un deleite para los sentidos que nos saca de nuestra limitada visión de nosotros mismos, y nos abre la mirada hacia el otro: «no hace falta ser alguien en la vida, cada uno de nosotros le da sentido a la vida de los demás».