REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Todos formamos parte del mismo árbol

Todo lo que pensamos, decimos o hacemos tiene un impacto en nuestro entorno más próximo, en nuestra sociedad y en la naturaleza. A medida que reconocemos esta red de interconexiones podemos reflexionar sobre nuestra relación con los demás y preguntarnos:

¿cómo puedo ser más consciente de mi mismo en relación con mi entorno, de modo que cuando mire atrás, pueda sentir la satisfacción de haber vivido plenamente?

Hacia el final de nuestras vidas nos encontramos con una etapa que el prestigioso psicoanalista Erik Erikson denominó “Integridad vs. Desespero”. Si hemos superado esta etapa aprovechando el conocimiento que nos provee la vida misma (con sus aprendizajes agradables y desagradables y las personas que han entrado y salido de ella), habremos alcanzado la “integridad” que supone la aceptación de nosotros mismos y de nuestra historia personal sin rencor ni resentimiento, asimilando la experiencia que significa ser un “ser humano”. Esta perspectiva nos provee de mayor confianza y autonomía, incluso de gratitud, que favorece querer compartir con los demás lo aprendido de manera significativa.

Por el contrario, si no hemos podido integrar nuestra historia pasada ni aprender de nuestras experiencias vitales, podemos encontrarnos con una situación de “desespero”. En edades avanzadas ya no hay vuelta atrás y puede aparecer el temor a la muerte y el sentimiento de culpa por no haber podido establecer un proyecto con sentido, enraizado en valores propios.

El propósito de este escrito, pues, es el de animarnos a traer más “consciencia” a cómo nos estamos posicionando ante nuestro pasado y futuro «desde el presente». De forma que pueda “hoy” darme cuenta de cómo me estoy contando mi vida, de cómo me estoy enganchando a “mi” historia y así, poder salir de una percepción estrecha -casi siempre ilusoria- y conectar con el rumbo que elijo seguir que aporte fundamento y coherencia a mi vida.

Darnos cuenta de que todos los seres humanos tenemos las mismas inquietudes, nos ayuda a conectar con nuestro entorno y acogernos a toda la variedad de posibilidades que nos ofrece y que no “vemos”. La naturaleza siempre nos vincula con algo más grande que está a nuestro alcance si despertamos a la inmensa pluralidad humana y necesidad de entendimiento del “otro” desde su base más profunda: compartimos el mismo ecosistema necesario –en todas sus expresiones- para nuestra existencia…

“Todos somos –árboles, humanos, insectos, pájaros, bacterias – pluralidades. La vida es una red de vidas encarnadas que no son lugares individuales. Suponen la evolución de tensiones entre la cooperación y el conflicto que se negocian, se resuelvan o no. Estos esfuerzos no necesariamente dan lugar a seres más desconectados, sino en la disolución del ser en su relación con los demás.
Como la vida entera es una “red”, no hay diferencia entre la naturaleza o el entorno separado de los seres humanos. Somos parte de una comunidad de vida, compuesta de relaciones con los “demás”, de modo que la dualidad humanidad/naturaleza que vive en el corazón de muchas filosofías es, desde un punto de vista biológico, ilusorio (…). Nuestros cuerpos y nuestras mentes, nuestra “Ciencia y Arte” son tan naturales y salvajes como siempre lo han sido.
Nuestra ética debería ser, pues, la de pertenecer y reconectarnos con los demás de modo imperativo y urgente, dada las muchas formas en que las acciones humanas se desconectan y reconectan poniendo en peligro las redes biológicas a nivel mundial.
Escuchar a los árboles, los conectores de la naturaleza por excelencia, significa aprender a habitar las relaciones que aportan a la vida su origen, sustancia y belleza”.

Ilustración de Yoran Cazac para “Little Man, Little Man A Story of Childhood” de James Baldwin
Extracto del libro “The Songs of Trees” (Canciones de los árboles) del biólogo David George Haskell
Sugerencia: Meditación nº24 “Meditación de la Felicidad Genuina” en www.psyke.es. Ninguno de nosotros vive aislado y todos recibimos el apoyo del mundo a través de una gran red de interdependencia. En esta meditación nos centramos en la imaginación, el aspecto creativo de la conciencia, y proponemos cuatro preguntas para indagar en lo que nos hace felices, en lo que necesitamos para lograr esa felicidad y en lo que podemos cultivar en nosotros mismos para poder aportar al mundo esa misma felicidad genuina que todos anhelamos.